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El polémico audio de la segunda semana de enero, donde el ministro de trabajo Jorge Triaca maltrataba y despedía vía Whatsapp a una empleada doméstica dejó al desnudo otra serie de asuntos que han puesto al Ministro en el centro de las discusiones políticas de principios de año.
Durante esta primera parte del año, el gobierno nacional intentará lograr la sanción de la tan mentada Reforma Laboral. En esta pulseada con el Congreso, los sindicatos y las bases de trabajadores, el ministro Triaca ha tomado una relevancia notable.
Cuando se dio a conocer el audio en el que Triaca despedía a su empleada, también se supo que la misma no estaba formalizada, algo por demás grave al tratarse del propio Ministro de Trabajo con empleados “en negro”.
El Diario La Nación, publicó una notadonde aseguraba que el juez Rodolfo Canicoba Corral, responsable de la intervención judicial, avaló la designación de su cuñado y del hijastro de su amigo Guillermo Scarcella en la Obra Social del Personal Marítimo (OSPM), según documentos oficiales a los que accedió LA NACION.
En la misma línea, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, fomentó el desembarco de su cuñado, de su empleada doméstica y del supuesto "hijo del jardinero", ya no en la obra social, sino en distintas áreas del sindicato intervenido.
La arremetida contra los sindicatos es una constante en la previa de la discusión por la Reforma Laboral que el gobierno quiere instalar en este 2018. Junto a referentes del sindicalismo mendocino, desde VCF analizamos la doble vara de la moral macrista que “le deja pasar” el nepotismo, los maltratos y las malas registraciones al Ministro de Trabajo y profesa una metonimia para entender que, ante unos sindicalistas corruptos, “el problema” es el sindicalismo en sí mismo y la organización de los trabajadores.
El ministro y la moral
Según analiza Federico Lorite, secretario general del Sindicato de Trabajadores Estatales Autoconvocados (Sitea), “sostener o no a Triaca es un costo político para el gobierno de Macri. Si lo sostienen, como lo están haciendo, el costo político va a ser mayor”.
En la misma línea, el sociólogo e histórico dirigente de FADIUNC, Carmelo Cortese sostiene que ministros como Triaca, cuya historia tanto familiar, personal como política y social no son justamente los mejores ejemplos de moral para hablar de corrupción.
Miguel Menchón, secretario general del Sindicato de Personal de la Universidad Nacional de Cuyo (SPUNC), fue más allá y no sólo arremetió contra el ministro, sino que además habló del papel del juez Canicoba Corral en este contexto actual. “Proviniendo del Ministro (el tener trabajadores no registrados) no solo es insólito, sino hipócrita. Él no puede seguir en el cargo, de ninguna manera. En estos momentos, la otrora casera figura como parte en la intervención del SOMU, un gremio que según ellos lo intervienen por distintas situaciones vinculadas a la corrupción, las cuales deben ser debidamente identificadas y si así fuera, estaría bien intervenir” sostuvo Menchón.
Sin embargo, lo que hace ruido es que “Él y el juez Canicoba Corral que hacen la intervención proponen a la empleada doméstica de Triaca. Pero ¿con qué pergaminos? ¿Bajo qué condición? Del bolsillo de afiliados del SOMU le pagan por trabajar en la casa de él. Triaca jamás ha dado explicaciones de este escandaloso nepotismo que ha estado llevando adelante como funcionario: tiene hermanas, a su esposa y hasta su cuñado designados en distintos puestos”.
Cortese, Menchón, Henríquez y Lorite, referentes del sindicalismo mendocino.
La demonización de los sindicatos
Desde el gobierno se instaló como una “necesidad” de los trabajadores la desafiliación masiva de los sindicatos para combatir la corrupción de las organizaciones. Incluso, la misma gobernadora de Buenos Aires, una de las figuras más relevantes de Cambiemos, llamó a desafiliarse de los sindicatos y publicó un instructivo de cómo hacerlo.
Esto es, ni más ni menos, que intentar quitar la herramienta más poderosa que tienen los trabajadores para la defensa de sus derechos. Los referentes de los distintos sectores lo analizan como una estrategia para lograr “meter” la Reforma Laboral sin mayores resistencias.
Según apunta Sebastián Henríquez, secretario general del SUTE “la demonización sobre los sindicatos no es nueva. Por supuesto, para que sea efectiva, parte de situaciones reales de un tipo de sindicalismo: el sindicalismo ligado a la clase empresaria”. Y añade que “el gobierno habla de la corrupción de los sindicatos, pero es uno de los principales garantes de esa corrupción que le permite tener dirigentes adeptos y serviles".
En esa misma línea, continúa el gremialista docente “cuanto más empresario es el dirigente sindical, más cercano a las prácticas corruptas típicas empresariales y del tipo de política que los representa (uno de los ejemplos más emblemático de hasta dónde puede llegar esa corrupción y degradación política-sindical es el asesinato de Mariano Ferrerya). Partiendo de eso, el gobierno busca minar el prestigio de los sindicatos en sí y de la voluntad de organizarse sindicalmente, que es una de las fortalezas históricas de los trabajadores y las trabajadoras en Argentina como clase”.
Por su parte, Carmelo Cortese analiza que este contexto se da debido a que “el gobierno nacional ha marcado como prioridad esto de atraer inversiones, para lo cual necesitaba ofertarles a estos supuestos inversores condiciones de baja de salarios, alargar jornadas, flexibilizar las condiciones de trabajo y para lograrlo, es que ataca a sus organizaciones sindicales”.
Entonces, explica el sociólogo “apunta a un horizonte donde lisa y llanamente no existan las organizaciones sindicales ni las protestas. Entonces se usa la bandera de la corrupción como un taparrabos para la verdadera intención del gobierno para justificar el ataque a las organizaciones sindicales en su conjunto”.
Ante esto, Cortese advierte que “hay que decir que los dirigentes sindicales corruptos son aquellos que aceptan dádivas. Lo que en el mundo sindical se conocen como ‘sobres debajo de la mesa’ para entregar las conquistas del movimiento trabajador a cambio de hacer silencio, aceptar incrementos salariales por debajo de la inflación, etc”. Y sostiene que “si hay dirigentes sindicales corruptos es justamente porque están vendidos a los intereses de los grupos empresarios en lugar de hacer su verdadero papel que es el de trabajar por la mejora de las condiciones laborales”.
Según Lorite, estas arremetidas contra los sindicatos y los problemas hacia dentro de las organizaciones hacen que “el problema lo tengamos los trabajadores que tenemos una falta de respuesta debido a los procesos de reorganización que hay hacia el interior de los gremios como de las centrales sindicales”.
En este mismo sentido, Henríquez sostiene que desde cada sector se debe apostar por “la defensa irrestricta de nuestras organizaciones frente al ataque de la patronal y sus intentos de inmiscuirse en los sindicatos”. Y agrega que “el gobierno no puede solucionar ningún problema del sindicalismo, porque es parte del problema y porque su interés no es otro que domesticar o eliminar a las organizaciones sindicales”.
Finalmente, Carmelo Cortese asegura que “hay problemas dentro del movimiento sindical, eso se resuelve con democracia sindical pero la democracia sindical la tienen que practicar los trabajadores y no pueden ser nunca los CEOS, los gerentes y la patronales las que van a venir a resolverle el problema a los trabajadores”. Y apunta que “lo que ellos quieren es o que no haya sindicatos o que haya sindicalistas corruptos a los cuales puedan comprar en función de lograr los objetivos de obtener trabajadores flexibles, adaptables, baratos, maleables y descartables”.