Columnistas // 2017-01-14
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Qué se dice, quién lo dice
Desde mediados de 2016 hay en Mendoza un fenómeno tendiente a configurar un monopolio de la palabra, la música y el arte en general. En paralelo se está produciendo el cierre de numerosos espacios culturales so pretexto de “ruidos molestos”.


 La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 27 proclama que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad…” pero cuando hay cantos que suenan a rebeldía, inconformismo o denuncia,  el gobierno provincial y algunos municipales tienden a coartar la libertad de participación cultural. El objetivo es monopolizar a través de redundantes espectáculos al aire libre, lo que cantan y lo que dicen los artistas menducos (neologismo que comenzó a usarse a fines del Siglo XX y debe usarse como sinónimo de “mendocino”).

En la desértica Mendoza durante los últimos años florecieron las expresiones culturales. Ballets, coros, grupos de danzas, de teatro y murgas, además de incontables bandas de garaje conformadas en su mayoría por alumnos y egresados de las distintas carreras de la Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo. Estos solían enriquecer hasta hace poco nuestra diversidad cultural, muchas veces acompañados por referentes de la cultura para promocionar proyectos organizados en conjunto con el resto de la comunidad. De esta manera, formaban una verdadera integración sociocultural, que además de servir como agente de cambio era un generador de consumo de arte mendocino. Una clara muestra de esta integración cultural son las murgas desperdigadas por las distintas barriadas del Gran Mendoza y la Orquesta del Barrio La Gloria con su pequeño multimedio comunitario, entre otras tantas.

Es precisamente en la ciudad de Mendoza donde se viene monopolizando lo que dicen nuestros artistas. La comuna capitalina, preventores mediante, impide actuar en la Peatonal al Dúo Nuevo Cuyo, que ha sido crítico de la actual gestión cultural. Sin embargo, como si se tratase de un verdadero oxímoron, promueve una moto carga con sistema de sonido inalámbrico que acompaña en esquinas específicas a determinados cantantes para que interpreten sus sencillas canciones. Lo mismo ocurre con algunos intérpretes convocados a dedo por la Secretaría de Cultura de la Provincia en centros comerciales o paradas de colectivo.

Para este sombrío panorama se vislumbra una luz de esperanza de la mano de la organización comunitaria. Un ejemplo es la convocatoria de un grupo de músicos, artistas plásticos, actores y periodistas que se conformaron como el núcleo de Trabajadores Independientes Culturales (TIC) para solicitar ante las autoridades provinciales y municipales la flexibilización de las ordenanzas y leyes que son usadas para prohibir a los artistas en vivo en Centros Culturales, Galerías de Arte, Bares y Restaurantes.

La Asociación de Gestores Culturales de Mendoza también está trabajando en este sentido, articulando con especialistas de la cultura para apoyar y fomentar sus actividades e iniciativas a través de herramientas como la gestión, el marketing cultural y las industrias creativas para desarrollar su inserción en la sociedad.

Desde el ámbito legislativo se destacan dos iniciativas que comparten los mismos objetivos; el Proyecto de Ordenanza para la creación de un Registro Municipal de Centros Culturales presentado en Capital por el Concejal Sebastián Tapia y el Proyecto de Ley de Centros Culturales del Diputado Lucas Ilardo. A través de estos proyectos se pretende que el Estado provincial garantice el funcionamiento de los espacios de arte independientes auto gestionados, además de establecer y delimitar sus derechos y obligaciones, facilitando de esta forma herramientas de construcción cultural independiente.

El Instituto Nacional de la Música (Inamu), recientemente creado, (Ley 26.801, sancionada en noviembre de 2012), es un ente público, no estatal que tiene por objetivo el fomento, apoyo, preservación y difusión de la actividad musical en general y la nacional en particular. Uno de los objetivos de la ley es crear un circuito estable de música en vivo que contará con vales de difusión para publicitar los distintos espectáculos que permitirán mayores beneficios en proporción a los espectáculos realizados con músicos o agrupaciones nacionales que se hayan inscripto en el Registro Único de Músicos Nacionales y Agrupaciones Musicales Nacionales.

Ésta Ley de avanzada es contrapuesta a las anacrónicas ordenanzas y ausentes normas provinciales. La pregunta que surge es de qué manera intervino la Sede Regional Nuevo Cuyo del INAMU (ubicada en Mendoza) en el reclamo, y lo mismo cabe para la Facultad de Artes de la UNCuyo, de la cual egresan muchos de estos artistas, y lamentablemente aún no se han pronunciado sobre esta situación.


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