Columnistas // 2021-11-21
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Triunfo descafeinado
En una semana hiperpolítica, la reacciones y percepciones de las dos coaliciones nacionales más importantes de Argentina, no coincidieron con los resultados electorales. El FDT mostró vitalidad pese a la derrota y JxC aún ganando, vio escurrirse su ambicioso objetivo de poner en retirada al peronismo. La multitudinaria movilización del Día de la Militancia en Plaza de Mayo mostró que AF tiene el apoyo de toda la coalición y de sus bases. Relanzar el gobierno y cumplir las expectativas es la apuesta central. En Mendoza el peronismo enfrenta nuevos dilemas mientras el gobernador Suarez prepara nuevos tarifazos.


Esta semana fue quizás la de máxima densidad política de todo el año. Los argentinos concurrimos a las urnas para elegir representantes al Congreso en todo el país. Los resultados de las elecciones generales de medio término siguieron la lógica de las PASO a grandes rasgos. A nivel nacional, hubo una distancia de 8,5% entre el principal frente opositor y el oficialismo.

Pero la diferencia estuvo en los pequeños detalles: La notable recuperación del FDT en la Provincia de Buenos Aires (un punto de diferencia y la misma cantidad de diputados: 15) y en algunas provincias, donde la remontada cambió el signo de la victoria o donde se redujo la brecha a un margen acotado. Las consecuencias políticas marcan una fisonomía bien distinta a la imaginada por el PRO y sus aliados radicales luego del 12 de septiembre.

Sin la intención de ser esta columna el lugar para efectuar un pormenorizado análisis cuantitativo, se pueden visualizar algunas lecturas. Como primera conclusión práctica y a pesar de que Juntos por el Cambio se consolidó como la fuerza más votada, el Frente de Todos consiguió mantenerse como primera minoría en la Cámara de Diputados (118 a 116). En cambio, la diferencia conseguida por la oposición sí tuvo repercusión en el Senado: Allí por primera vez desde 1983 el peronismo perderá el quórum propio desde el 10 de diciembre. Serán 35 senadores oficialistas, 31 opositores y 4 senadores que responden a fuerzas provinciales diversas. Esto obligará al peronismo a acercar posiciones principalmente con estos senadores y senadoras. En especial los que representan a Misiones y Río Negro, quienes suelen seguir la impronta del oficialismo de turno en favor de sus territorios.

En el núcleo opositor, desconcertados por las promesas no cumplidas de conseguir desbancar al oficialismo de la presidencia de la Cámara de Diputados, ser la primera minoría en Senadores e incluso desplazar al presidente Fernández con alguna argucia pseudo jurídica, se enojaron por la convocatoria realizada por la CGT, los intendentes del área metropolitana y los gobernadores peronistas, para festejar el Día de la Militancia en Plaza de Mayo, a 48 años del retorno de Perón luego de un largo exilio. “Festejan la derrota” fue la consigna unificada lanzada en los medios afines. La asamblea popular desbordó las previsiones más optimistas, colmando la Plaza y varias cuadras a la redonda. Se veían caras de alivio y de esperanza entre los asistentes, que respondían sobre todo a sectores sindicales y referentes locales del Gran Buenos Aires. Entre ellos, muchas y muchos militantes de los ’70, mezclados con jóvenes que se acercaron por sus propios medios.

La respuesta a esa incertidumbre sobre el festejo se la dio el propio presidente: “El  triunfo no es vencer, sino nunca darse por vencido”.  La dinámica del acto puso en el centro de la escena a Alberto Fernández, quien fue el único orador, por lo que resultó un potente relanzamiento del gobierno para los próximos dos años. “Este es el día para dar inicio a la segunda etapa de nuestro Gobierno” comenzó diciendo. Consciente de lo que está en juego, el discurso ocupó una buena parte en los temas pendientes principalmente de raíz económica “Recuperar la economía y hacerla crecer”. Tras destacar el incipiente arranque del sector industrial y la construcción, la apelación a la  responsabilidad empresaria para mantener los precios en caja, teniendo como principal objetivo la recuperación del empleo formal, la salud, la educación y la investigación públicas. Genera expectativas el anuncio de iniciar una agenda de diálogo con todos los sectores para sortear los principales obstáculos que afronta la nación, que tendrá sus límites en quienes se auto excluyeron: Macri y Milei, “que siga haciendo negocios con sus amigos” le espetó al ex mandatario. 

Los temas acuciantes son sin dudas llegar a un acuerdo satisfactorio con el FMI sobre la deuda que resulta impagable en los términos en los que lo pactó el gobierno de Cambiemos y doblegar la espiral inflacionaria que detona los salarios y mucho más los ingresos de los trabajadores informales, jubilados y beneficiarios de asignaciones.

La apelación final a institucionalizar el Frente de Todos como herramienta electoral no pasó desapercibido para nadie: “Aspiro a que en el 2023 desde el último concejal hasta el presidente sean elegidos por los compañeros”.  Es éste un verdadero desafío para los principales actores del Frente hacia el futuro cercano, en la búsqueda de consolidar la unidad que resulta absolutamente imprescindible vistos los resultados  del domingo.

El respaldo fue contundente. Estuvo acompañado por varios gobernadores: El de Chaco, Jorge Capitanich, de Tucumán, Osvaldo Jaldo, de La Pampa, Sergio Ziliotto y de Tierra del Fuego, Gustavo Melella; el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa; el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, todos los ministros del gabinete nacional y el nuevo triunvirato de la CGT.

En vísperas de conmemorarse el 176° aniversario de la Vuelta de Obligado, se realizó un emotivo acto del Día de la Soberanía Nacional, realizado en Cancillería a iniciativa del Secretario de Malvinas, Guillermo Carmona. Presidido por Alberto Fernández, del mismo participaron  el Senador Adolfo Rodríguez Saá,  los Diputados, Eduardo Valdés y una buena parte del gabinete: los ministros de Relaciones Exteriores, Santiago Cafiero, de Defensa, Jorge Taiana; Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; Educación, Jaime Perczyck; Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus; Interior, Eduardo de Pedro; Obras Públicas, Gabriel Katopodis y de Trabajo, Claudio Moroni y el gobernador de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella. También hubo una nutrida presencia de veteranos de Malvinas, familiares del ARA San Juan, diplomáticos y académicos.

El presidente expresó que la soberanía hoy es un concepto multidimensional que incluye aspectos sociales, alimentarios, culturales y ambientales, que “va mucho más allá de la defensa de nuestra tierra”.  En cuanto a soberanía y deuda, Alberto Fernández expresó que “ser soberanos hoy es recuperar la capacidad de manejar la deuda de modo tal que el pueblo argentino no sufra a la hora de pagarla”. El acto tuvo mucha trascendencia política no sólo por las presencias sino también por los anuncios realizados por el  dirigente mendocino de la Corriente Nacional de la Militancia y Secretario del Área Guillermo Carmona: la apertura de una sede de la Secretaría de Malvinas en Ushuaia, las iniciativas legislativas leyes impulsadas por el gobierno nacional como la que crea el Consejo Nacional Malvinas, la que fija el límite exterior de la plataforma continental y la que fija penas más severas a la pesca ilegal.

El acto resultó oportuno para que, además, el presidente anunciara la conformación de la Mesa de Trabajo Interministerial Agenda Malvinas 40 años, que tendrá como objetivo armar una agenda federal y participativa con motivo de cumplirse el año próximo cuatro décadas de la guerra; “trabajando por la vías diplomáticas, convenciendo al mundo de que las Malvinas son, fueron y serán argentinas”. 

En Mendoza JxC obtuvo uno de los resultados más amplios del país, dejando al descubierto los magros resultados de FdT que, no obstante, recuperó una banca propia respecto de 2017 al haberse licuado las terceras opciones electorales. Esto no exime de dimensionar la magnitud de la revés sufrido. Históricos referentes territoriales que auspiciaron la lista local fueron derrotados con mayor o menor diferencia. El caso de Maipú es el más preocupante porque la diferencia superó los 14 puntos. En San Rafael, el bastión de los hermanos Félix, también se perdió pero por una diferencia menor: 6%. Los intendentes de Tunuyán, Martín Aveiro quien también era candidato, el de Lavalle, Roberto Righi, el de La Paz, Fernando Ubieta (sumó 54%) y la intendenta de Santa Rosa, Flor Destéfanis, resultaron triunfadores en este contexto de fracaso electoral.

Los resultados muestran que pese a la diferencia de 23 puntos a favor del oficialismo provincial, existió polarización entre las fuerzas mayoritarias y los demás. El Partido Verde, con 9% logró solamente un diputado provincial. Cuarto entró el Frente de Izquierda, que llegó a duras penas al 4%. El resto se arrimaron al 3% sin ninguna posibilidad. En términos generales, hubo una asistencia del 75% (1.051.086 votantes) y los votos en blanco se achicaron pero no tanto: ascendieron al 6,8%.

El PJ mendocino aparece aún desconcertado y sin iniciativa ante las demandas de quienes aspiran a construir una alternativa real de poder en la provincia. Con vistas a 2023 esta premisa representa un desafío que requerirá no sólo acertar el tono de la campaña, sino principalmente haber recorrido un camino en donde la construcción política y la propuesta resulten atractivas para los mendocinos y mendocinas en una provincia que no crece ni genera empleo genuino desde hace al menos 10 años. Renovación dirigencial, una construcción territorial participativa y movilizadora, respuestas a los principales temas que aquejan a Mendoza y una identificación activa con las políticas del gobierno nacional, son parte del extenso derrotero pendiente que desafía al peronismo mendocino para tener chances  dentro de 2 años. 

Mientras tanto, Suárez y su equipo se disponen a autorizar subas de servicios en el boleto del transporte público de pasajeros, en el servicio eléctrico y en el agua, en contra de los intereses de la  población y en favor de los empresarios, con quienes ha tejido fuertes vínculos. Los mendocinos esperan vanamente que los beneficios que obtienen estos monopolios se derramen virtuosos sobre los castigados consumidores, pero la realidad es que el nuevo esfuerzo que se les pide volverá a salir de los castigados bolsillos de los que menos tienen.

Analíticamente resulta interesante tomar la idea de Jorge Alemán sobre que la oposición argentina, que en realidad “encarna el poder” no sólo lo representa, para lo que no necesitaría gobernar para expresarse. Pero sin embargo, también aspira al poder formal. En ese marco, se hacen entendibles las acciones que buscaron un claro impacto electoral que intentó crear zozobra en el frente financiero y cambiario. Una tradición argentina llamada vulgarmente “golpe de mercado”. Una de sus formas habituales para instalar el miedo fueron las operaciones destinadas a elevar el precio del dólar paralelo. Siendo como es, un mercado ilegal y de escaso volumen, su alza provoca desconcierto en la población. 

Los medios concentrados hacen el resto. Replican hasta el hartazgo la necesidad de una inminente devaluación, activando la compra preventiva de dólares por parte de aquellos que buscan proteger sus ahorros. Así como festejaron la derrota del oficialismo en las PASO con la expectativa de una vuelta del macrismo en el 2023, intentaron lo mismo en las generales pero esta vez con menos eficacia. La movida llevó el dólar informal por encima de los 200 pesos, con un  record de operaciones que no se registraba desde el 2019 y ventas del Banco Central por casi 1.000 millones de dólares. Pero nada apocalíptico sucedió y el dólar informal cayó 8 pesos por unidad en pocos días. Por el contrario, en la economía real, la actividad industrial aumentó un 32,4% en el segundo trimestre de 2021 y los niveles de actividad fabril superan los índices  pre pandémicos, siendo este mes el más alto de los últimos 5 años.  

El otro tema que impactó en el resultado electoral fue la inflación. La arremetida del Secretario de Comercio Interior Roberto Feletti está comenzando a dar sus frutos: el objetivo es moderar, control mediante,  el aumento de precios de aquella mercadería considerada esencial. Si bien el congelamiento de precios de casi 1.500 productos de consumo masivo  no se reflejó aún  sobre el índice inflacionario (en octubre  alcanzó  3,5%) se espera que el  alivio relativo para los consumidores pueda sentirse con fuerza en noviembre, primer mes de plena vigencia de esta medida. Feletti tiene que lidiar con un mercado de alimentos monopólico, tanto a nivel de producción como de comercialización, cuya regulación es imprescindible si el objetivo es, como lo ha declarado el AF,  que el salario le gane a la inflación. Por ejemplo, en lácteos, hay solo dos empresas que inciden sobre  el 80 por ciento del mercado. Las mayores expectativas están puestas sobre el rubro alimentos, cuyos aumentos son “inadmisibles”,  como dijo el presidente, “si uno gana mucho y otro pierde mucho, eso no es una sociedad, eso es una estafa”. 

El gobierno apunta a consolidar esa economía real, financiando a las pymes y  las cooperativas de consumo, alentando la oferta de pequeñas empresas locales,  desconcentrando la producción y fortaleciendo las nuevas redes de distribución que las acerque a los comercios barriales y otros puntos de venta. Recomponer  el vínculo del comercio minorista y el público consumidor con  ofertas alternativas a las ofrecidas por los monopolios existentes, es uno de los retos más importantes del gobierno de AF.  Un desafío que requiere capacidad política, mucha gestión y bastante más que el compromiso que reclaman desde el gobierno nacional. 

Sin dudas que culmina una semana de hiperactividad política. La oposición ganó la elección pero sufrió por “inflación de expectativas”, lo que hizo recalentar los conflictos, a la vista o subyacentes,  entre los principales corrientes y referentes que conviven en su interior. Los radicales reclaman ser la piedra angular de la victoria por los resultados en las provincias y desde el PRO intenta domesticarlos, habiéndose expuesto más de la cuenta con la candidatura de Rodríguez Larreta quien, de todas maneras, no tiene apoyo unánime entre los suyos. 

Ya se miden para una interna que se presume fuerte y que seguramente dará que hablar en el futuro cercano. El oficialismo pese a ser derrotado, consiguió casi todos los objetivos que se había propuesto después del sacudón de septiembre, termina tonificado y con la firme convicción de que en el 2023 habrá una nueva oportunidad de continuar en el gobierno: consolidar el liderazgo presidencial, mantener la unidad de la coalición y desplegar políticas activas para asegurar la recuperación económica y social, será el trípode para alcanzar ese anhelado objetivo.

 


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