Columnistas // 2021-04-07
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Nudo Vial: la nueva novela de Marcelo Padilla
El sociólogo y docente universitario presentó su novela “Nudo Vial”, a continuación compartimos la reseña de Alejandro Oleguer para “Al Oeste de Roma”.


Ciudad e identidad

«Ya no es la ciudad una cárcel sino una máquina.»
(Ezequiel Martínez de Estrada, “La cabeza de Goliat”).

Marmat es, creo que alguna vez hice el paralelismo en otra reseña, un animal de escritura, para él escribir es una vocación instintiva, inevitable, orgánica. A veces le sale mejor y otras veces peor, pero no puede dejar de escribir, siempre termina ahí: en la literatura. El resultado: dos libros de poesía, algunos de relatos y crónicas, un par de investigaciones sobre rock argentino e incontables textos inclasificables que aparecen en revistas, portales y diarios de Mendoza con frecuencia semanal. Pero se trata de un animal silvestre y solitario que no se enmarca en ninguna especie conocida, no tiene manada literaria de pertenencia y al que, estéticamente, no se lo puede emparentar a ninguna tradición literaria, tal vez por eso no edita con editoriales específicas y muchos de sus textos son inclasificables. De ahí la singularidad de éstos. Pero en Nudo Vial (El laboratorio Oscuro, Mendoza, 2021), su nuevo libro, hay algo distinto a lo que ya venía haciendo. Su voz es reconocible, claro, pero algo “hace ruido”, este texto tiene otro espesor y hay recursos literarios y de sintaxis que yo no había visto en sus libros anteriores.

Nudo Vial es una novela súper concentrada en pocas páginas, los exégetas de las clasificaciones y las etiquetas tranquilizadoras (esas cárceles ficticias llamadas “género”) dirán que es una nouvelle o un relato largo, pero creo que hay algo más que eso, como capas ocultas tras esa brevedad física. Digamos que se trata, en todo caso, de un dispositivo literario exótico y singular dentro de la obra del autor. Una de las marcas identificables de la prosa de Marmat es la modulación mestiza que logra imprimirle a sus textos, el paso de un tono de crónica periodística a otro de relato literario, mezclado con recursos provenientes de la poesía y con inflexiones del habla cuyana, esas transiciones son naturales en su escritura, le salen bien y son de alguna manera su marca de estilo. Este cambio de formas en la escritura dentro de un mismo párrafo que puede apreciarse en las crónicas cotidianas que el sociólogo sanjuanino publica con rigurosa periodicidad o en cualquiera de sus libros anteriores en prosa, está bastante más trabajado en Nudo Vial. Si en sus textos anteriores esos cambios de tonos eran naturales e inconscientes, aquí Marmat los ordena, los limita, los sistematiza, es como si hubiese tomado consciencia de ese mix estilístico y lo hubiese pulido para hacerlo brillar. El resultado es una prosa que conserva lo salvaje y los mestizo, pero mucho más trabajada y ambiciosa. Más «literario», por decirlo de alguna manera. No es casualidad que este nuevo texto más pulido y trabajado, con más tiempo de maduración y seguramente de corrección, y con un mayor nivel de exigencia estilística, salga editado por El Laboratorio Oscuro, un proyecto editorial que dirige Gastón Ortiz Bandes, uno de los críticos literarios más lúcidos y rigurosos de Mendoza, si él decidió que el libro merecía el papel, seguramente vale la pena leerlo.

El relato que sirve de soporte al texto está ubicado perfectamente en tiempo y espacio: se desarrolla durante los últimos días de 2019 en las inmediaciones del centro de la ciudad de Mendoza entre la Plaza Independencia y el famoso Nudo Vial que da nombre al libro y que es la intersección entre la Costanera y la ruta 7. Justamente en ese escenario se desarrollaron muchas de las movilizaciones de gran parte de la población de Mendoza para protestar contra la derogación de una ley que regula la utilización del agua en la actividad minera (hay que recordar que Mendoza es una ciudad construida sobre un desierto, y el agua ahí es un elemento escaso). Precisamente en una de esas movilizaciones se conocen los dos personajes principales Tony, un hombre de mediana edad que vive en las torres de calle San Juan y República de Siria y es quien narra en primera persona los acontecimientos, y Claudia, una chica que viene de San Juan buscando a un hermanastro que no conoce para que le proporcione datos sobre sus orígenes familiares, que por alguna razón desconoce. La historia se va desarrollando en base a escenas fragmentarias cuya disposición en el texto no respeta necesariamente la linealidad temporal: una reunión de año nuevo en la terraza de una de las torres, que es uno de los edificios más altos de la ciudad y permite una visión bastante amplia del Gran Mendoza («A doce pisos de altura, la ciudad enmohecida» piensa, como síntesis de esa visión, el narrador), el encuentro en la movilización, la noche de navidad en casa del Trosko (otro de los personajes), una discusión de borrachos en un bar céntrico de madrugada, el encuentro sexual entre los protagonistas en el departamento y una parada obligada y reveladora de un colectivo en Media Agua, cerca del límite de Mendoza con San Juan.

Pero más allá del nudo narrativo y el argumento, que a mi entender no es más que el esqueleto sobre el que se va tejiendo el texto, el relato está lleno de conceptos, argumentos e ideas que el autor muchas veces expresa a través de la voz de algunos de los personajes que parecen atravesados en todo momento por meta-discursos en clave antropológica y sociológica sobre la realidad cotidiana, que revelan sutilmente una percepción sociológica particular de la realidad. Muchos elementos dispuestos con astucia a lo largo del texto, además, funcionan como símbolos de cuestiones que están por afuera del relato y que son solo perceptibles para los que ya han leído otros textos de Marmat o que lo conocen personalmente. Nombrar al complejo de edificios como las torres de Alemania del Este o al canal Cacique Guaymallén como El canal de los suicidas, o en un momento decir que los personajes «acatan las indicaciones de la Tati como soldados de un batallón bipolar con enjundia» (“El Batallón Bipolar” es el nombre de una de los libros del autor), el encuentro en la Plaza Independencia en donde Claudia está con “las patas en la fuente”, constituyen marcas, guiños, señas reconocibles o no, pero destinados, quizaás, a lectores específicos.

Una de las cosas que pueden servir para empezar a pensar en un texto es preguntarnos: ¿Cuáles son los temas de este texto? ¿De qué se trata realmente? ¿Qué tópico o tópicos de la condición humana intenta abordar? En el caso de Nudo Vial creo que hay dos temas principales: la ciudad y la identidad. De hecho, creo que una de las virtudes que tiene este librito es invitarnos a pensar cómo cambia el proceso de construcción de la identidad en una provincia que lentamente ha dejado de ser aldea y se ha transformado en ciudad. Precisamente, la ciudad, lo urbano y las formas de relacionarse en un espacio en el que el individuo se va volviendo cada vez más anónimo, están en el ADN del relato. La ciudad está siempre ahí como escenario todo el tiempo, el autor la pone permanentemente en escena: la vista aérea desde la terraza de la Alameda y del área fundacional, la esquina de la terminal, el nudo vial, el canal Cacique Guaymallén, la calle Lavalle, la cuarta sección, la Plaza Independencia, referencias al Infiernillo en Dorrego o al barrio 26 de enero en Las Heras…., son todos espacios geográficos fácilmente reconocibles para cualquiera que conozca Mendoza y la haya caminado un poco, pero no aparecen en la novela como meras descripciones o como escenarios estáticos sino que parecen estar vivos y en movimiento: el río de autos que llega como murmullo al departamento y reemplaza al río inexistente de Mendoza, el hormigueo constante de las 3000 personas que viven en las torres de “Alemania del Este”, el agua deslizándose “con bravura” por el canal con un sonido opaco, el movimiento de los carteles LED de la entrada a la ciudad… Los paisajes interactúan con los personajes y también con el lector provocando reacciones psicológicas y emocionales (o tal vez esto sólo me suceda a mí: ecos nostálgicos de un provinciano viejo viviendo fuera de su provincia), la ciudad, en este sentido, es un personaje más del relato. Hay algo, además, respecto de Mendoza como escenario de la narración que se multiplica en la literatura mendocina del siglo XXI: En Nudo Vial Mendoza es la terminal, el canal, los barrios suburbanos de Godoy Cruz, Guaymallén o Las Heras, La Cuarta sección, La Alameda, el Hospital Central, las calles anchas, los edificios bajos, el Parque Cívico…, Mendoza es la ciudad chata y asfixiante, sus plazas y veredas, pero no hay viñedos, no hay acequias, no hay pedregales, no hay desiertos, no hay bodegas, no hay cosechadores, ni piedras infinitas, ni espíritus del vino sobrevolando e inspirando a los personajes, tampoco hay “chinas con chapecas”, ni “sol y buen vino”, nada de eso. Es literatura mendocina de espaldas a la montaña, que ignora la patética y anacrónica semblanza vendimial de una Mendoza que existe sólo en el recuerdo melancólico de algunos conservadores y en las campañas de marketing turístico. En esto de ignorar olímpicamente el discurso del terruño y la cordillera sí podemos inscribir, tal vez de manera caprichosa, el librito de Marmat en una vertiente contemporánea de las letras mendocinas a la que también pertenecen, entre otros, “Pico de Oro” de Gastón Moyano, “Las Heras” de Claudio Rosales, “El Guanaco” de Gastón Ortiz Bandes, “El Río Imaginario” de Sergio Taglia y algunos textos de Pablo Arabena y Pablo Grasso. Un gesto saludable que ojalá siga proliferando en los libros de autores mendocinos.

El otro gran tema del libro, como mencioné, es la reflexión sobre la identidad y su construcción, tal vez sea el gran tema que el autor tenía en mente al escribir porque aquí sí es explícito, hace hablar y pensar a los personajes varias veces sobre este tópico, directamente y sin eufemismos. Ya en la segunda página Claudia le dice a Tony: «La identidad es un proceso en construcción, sí, eso es lo que siempre se dice, pero también un eslogan.» Y después: «La identidad es un objetivo, Tony (…) Es algo así como intervenir en un campo de luchas inconscientes y subversivas: relatos familiares, fotos, videítos salvados del incendio.» Y más adelante Tony, contemplando la ciudad desde la terraza piensa: «Mientras, la masa anónima se mueve y peregrina por sitios donde está siendo sin querer “ser alguien”.» Esto para citar sólo algunos ejemplos, el texto está plagado de este tipo de discursos y reflexiones en tonos y claves distintas. La identidad es pensada desde distintos planos y perspectivas e incluso en direcciones opuestas: por un lado el proceso de disolución de la identidad a partir del ya mencionado paso de la aldea a la ciudad y a través del anonimato progresivo; y por otro la reafirmación de la identidad o su búsqueda encarnada en el personaje de Claudia y su necesidad de conocer a su hermanastro y sus orígenes filiales.

Acá se me ocurre que incluso el tratamiento de la identidad (o de su aniquilación) desborda los límites del texto. Marmat es de origen sanjuanino (como Claudia que busca afirmar su identidad), pero vive y trabaja desde hace muchos años en Mendoza (como Tony que percibe que la suya se diluye), ¿hay en esa dualidad indentitaria una especie de desdoblamiento del autor para expresar cierta tensión interna? Por otro lado no pude evitar relacionar esto con el hecho insoslayable de que Nudo Vial sea el primer libro que el autor firma como Marmat y no como Marcelo Padilla, y con otro pasaje del libro en donde dice sin preámbulos: «La idea de disolución del autor, de la licuación del sujeto en el anonimato, de estar al descubierto personalmente pero con la sensación de que todos éramos iguales daba vueltas últimamente en la cabeza de la Tincha.» Estos elementos me hacen reafirmar la hipótesis de que, además de escribir una novelita sobre la identidad durante el confinamiento sanitario, Marmat estuvo dándole vueltas a este tema y pensándolo en varias dimensiones (identidad y ciudad, identidad y literatura, identidad y autor, identidad e individuo, identidad y anonimato…), y que Nudo Vial  tal vez sea sólo la punta del iceberg de una profunda reflexión sociológica, antropológica y filosófica que termine expresándose por otros lados (¿en otros textos?).

Para resumir: Nudo Vial es, entonces una novelita en capas, superconcentrada en no más de 20 hojas y con un enorme trabajo de pulido y recorte para que, en su brevedad, aparente una simpleza engañosa. Es también una lúcida reflexión sobre la identidad y la ciudad, pero también sobre el anonimato, la amistad y las formas de relacionarse con el otro cuando todo parece empujarnos hacia el aislamiento individualista. Constituye además una especie de cambio de rumbo en la forma de escribir de su autor o tal vez un nuevo nivel de autoexigencia literaria, más ambicioso y menos personal, el tiempo y los futuros textos certificarán o desmentirán esta hipótesis, mientras tanto recomiendo enfáticamente la lectura de Nudo Vial.

Alejandro Oleguer para "Al oeste de Roma".

El punto de venta para conseguir el libro es la librería "Ludditas" en la Calle San Juan 1014 de la Ciudad de Mendoza.
 


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