Columnistas // 2021-02-22
_
Me duele el corazón
El deseo de vivir en un mundo mejor se transforma en una lucha contra el sistema, la cual debe ser estratégica y realista, provista de una buena cantidad de contactos. No basta con la simple buena voluntad, una preparación descollante y un corazón de oro. Ya cargamos con el ejemplo de nuestro querido Dr. Favaloro y la verdad no quiero pegarme un tiro por hacer las cosas bien.

El joven profesional se ve haciendo malabares, no ejerciendo el arte de sanar.

Hoy es un día especial, me recibí de médica.

Lejos de sumergirme en un sueño etílico para festejar tantos años de esfuerzo, lo único que pienso es: “Finalmente voy a ser parte de este engranaje extraordinariamente complejo”. Mi provincia, Mendoza, tiene el 4to producto geográfico bruto del país, pero no se ve reflejado en su sistema sanitario.

Puedo observar que fruto de decisiones políticas, sociales y económicas resultamos parte del elenco de una obra de teatro cuyas acciones están limitadas a lo que diga el director, incluso teniendo él las ideas más descabelladas de todas. Donde el poder, alimentado por una suerte de frustración ancestral, genera más daño que otra cosa (desde el presidente de turno hasta el jefe de guardia).

La experiencia del estudiante de medicina termina siendo la de un joven enamorado de la idea del amor, que se estampa contra el muro de la burocracia y la corrupción y quién de no tener la suficiente vocación deriva en un profesional mediocre para con el paciente, mientras su mundo académico e intelectual se reduce al papeleo y al parloteo con las obras sociales. Después de todo "solo alcanza para hacer lo justo y necesario".


El deseo de vivir en un mundo mejor se transforma en una lucha contra el sistema, la cual debe ser estratégica y realista, provista de una buena cantidad de contactos.

No basta con la simple buena voluntad, una preparación descollante y un corazón de oro. Ya cargamos con el ejemplo de nuestro querido Dr. Favaloro y la verdad no quiero pegarme un tiro por hacer las cosas bien. Tampoco quiero exportarme indefinidamente, ni ver limitado mi crecimiento, porque eso significaría prescindir de las herramientas necesarias para erradicar los males y ese, tengo muy en claro, no es mi fin.
 

En mis años de Universidad tuve el privilegio de estar al lado de grandes profesionales que no dieron el brazo a torcer, dignos de admiración. Lamentablemente también hubo quienes no saciaron mi curiosidad o el ejemplo de su obrar fue una trágica sátira de lo que debió haber sido. También evidencié servicios que lejos de tener sólidos valores institucionales, se mueven como seres independientes detrás de su propio interés y así las cosas no funcionan (no está demás está decir que el humano es un ser sociable porque le conviene evolutivamente hablando).

Como denominador común de todo ese desgano observé una mirada agotada, observé el derrumbe de sus convicciones, quizás nunca las hubo.


Siempre que flaqueo recuerdo una frase de José Ingenieros que dice: “Las lecciones de la realidad no matan al idealista, lo educan, el idealista procura salvar los ideales de toda
mengua o envilecimiento”.

 

El libro de medicina que leímos durante seis años y las revistas científicas importadas no se condicen con nuestra realidad y el joven profesional se ve haciendo malabares, no ejerciendo el arte de sanar. Los años desgastan en vez de pulir los objetivos, y nos
contentamos con poco, nos cansamos de pelear por estupideces, gastamos energías en roces sociales tórpidos y nos anestesiamos ante la injusticia.

La labor de servicio está tan contaminada con tareas que exceden al médico por lo que su calidad de vida disminuye y las prestigiosas actividades de investigación o enseñanza quedan relegadas.

El trato con el paciente o, mejor dicho, con la persona que padece una enfermedad y cuya vida está comprometida en todos los aspectos, se vuelve autómata, fría, sistemática.

El fallo multiorgánico, por el que agoniza nuestro país, mata a quien puede revertirlo y es nuestro deber restaurar su salud, órgano por órgano, célula por célula, comenzando desde uno mismo. Debemos ir preparados para hacer fuego con tres palitos y que ese fuego
entibie a todas las personas a nuestro alrededor. Debemos ir preparados para caminar largos kilómetros en busca de más leña y mantener el fuego encendido.


La solución a este problema tan enraizado se logra con la transformación de las policausalidades y eso sería largo tema de debate en distintas áreas. La respuesta que podemos dar como individuos que ejercen una carrera relacionada está en el anhelo de
sanar a las personas y a la sociedad también, o al menos de cumplir el principio de no maleficencia...

También en las añejadas y sabias personalidades que lucharon toda la vida, esos, los imprescindibles quienes nos responden a través de sus actos. "Psss" nos dicen: "¡Que el verbo hacer no se transforme en un condicional!"


Es cuestión de formular una simple pregunta: Si nosotros o vuestro ser querido enfermase, ¿Cómo le gustaría que fuera el médico que nos atienda?- El mejor- suelen responder. -Una persona íntegra, de vastos conocimientos, con acceso las más novedosas y eficaces terapias, bien descansado vale aclarar. -¿Soy yo uno de ellos? ¿Qué puedo hacer para mejorar? ¿Mi contexto ayuda a
generar profesionales competentes? ¿Qué podemos cambiar a nuestro alrededor?

Borges, Favaloro y otros grandes pensadores de nuestra querida Argentina acordaban en que la educación es aquello que realmente puede hacer crecer a una sociedad y convertirla en un
lugar mejor.


Les agradezco infinitamente a mis padres quienes me han transmitido el amor por la vida, a la Dra. Graciela Salinas cuya determinación y ansias de perfección forman parte de
mí, a la Dra. Viviana Armentano quien me transmitió los modos más solemnes, la excelencia académica y un profundo sentimiento de esperanza por nuestro medio y por último a mi adorada Dra. Elena Linares por transmitirme su energía y buena voluntad, ser una
trabajadora incansable, innovadora, prestarme sus conocimientos y su microscopio los 365 días del año.


/ En la misma sección