Columnistas // 2021-01-21
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Biden-Harris: aires de cambio en la Casa Blanca
En medio de un momento histórico convulsionado por el odio y con un pueblo dividido, asumieron Joe Biden y Kamala Harris como presidente y vicepresidente. Su herencia, caos e incertidumbre.

“Seré un presidente para todos. Trabajaré igualmente de duro por los que me no me apoyaron, que por los que sí”

“Seré un presidente para todos. Trabajaré igualmente de duro por los que me no me apoyaron, que por los que sí”

         

Unidad, unidad y unidad. El demócrata Joe Biden asumió el rol de presidente al frente de Estados Unidos hoy, recibiendo como herencia una nación sumida en una profunda crisis, la que otrora fuera la cuna de la democracia, la tolerancia y la estabilidad, siempre diferente de sus coterráneos continentales, los salvajes latinos.

En las últimas semanas se hizo evidente que la corrupción y el hambre de poder no son solo característicos de líderes inflexibles como Fidel Castro o Nicolás Maduro, de los que el gobierno del ahora expresidente Donald Trump echó mano para ejemplificar todo lo malo, lo demoníaco. La fiebre de poder no tiene nacionalidad ni pasaporte.

El mundo vio desde sus teléfonos, televisores e incluso escuchó en la radio los gritos iracundos de seguidores de Trump al irrumpir en el Capitolio y causar destrozos incalculables, arengados por el mismo presidente, algo que en la mente de un norteamericano promedio solo cabe en una película distópica o en un documental sobre América Latina.

Biden enfatizó la necesidad de que el pueblo se mantenga unido, hoy más que nunca, remarcó la importancia de terminar con la supremacía blanca-apoyada por la gestión Trump de manera implícita y explícita, de garantizar el acceso a la salud a todo el pueblo y de poner fin a la guerra contra las personas de color, una problemática que Estados Unidos arrastra desde sus cimientos como nación independiente.

Cambiando de tema, si hubiera que comparar el impacto social de la gestión Trump con algún tipo de expresión musical que parece no pasar de moda, sino añejarse, sería con el álbum American Idiot, de Green Day. A través de las letras se puede leer a una sociedad, sobre todo a los jóvenes, desilusionados por la nación a la que apostaron, hartos de la injusticia y la normalización de situaciones que llegan a ser incluso patológicas.

La juventud, a diferencia de otros momentos en la historia, decidió tomar las riendas y cambiar el curso de la historia mediante el ejercicio de su derecho cívico: el voto. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, la juventud echó de la Casa Blanca a un déspota megalómano, al que no le importó derramar la sangre de sus propios seguidores, que ni siquiera fue capaz de estrechar la mano a su sucesor.

Todo esto va a que Biden no solo tiene el apoyo de los demócratas de siempre, aquellos que lo apoyaron con Obama y hoy con Kamala Harris, sino que lo respalda la juventud LGBTTTIQ+, las personas de color, cuyos derechos fueron socavados a fondo en una gestión que prometía “hacer grande a Estados Unidos de nuevo”, cuando ellos también hicieron a “la América” desde abajo. Biden hoy responde por la comunidad latina vulnerada, por las más de cuatrocientas mil personas que murieron a causa de COVID-19 por una administración sanitaria deficiente y por quienes hoy no pueden acceder a un seguro de salud, por la razón que fuere.

“Seré un presidente para todos. Trabajaré igualmente de duro por los que me no me apoyaron, que por los que sí”, enfatizó en su primer discurso, amén de muchas otras palabras de esperanza que regaló hoy al pueblo estadounidense, que espera con Biden y Harris-primer mujer vicepresidente de la historia de los Estados Unidos-poder levantar a la nación abatida de las cenizas.

Hoy el mundo gira la mirada hacia la nación de las barras y las estrellas, y soplan aires de cambio que acarician el rostro de las madres que lloran a sus hijos muertos, ora por la guerra, porque los mató la policía por tener la piel oscura, porque murieron en una masacre escolar debido a un deficiente control de armas o a causa de coronavirus.

Hoy en manos del presidente y la vicepresidente Harris está el poder para dar vuelta la historia y poner la fortuna del lado de los vencidos, los oprimidos y resignados.


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