Columnistas // 2021-01-08
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Tierra de los libres, hogar de los valientes

Si las agresiones de ayer hubiesen sido cometidas por personas de color, hoy habría lágrimas de dolor, familias rotas y una nación justificando su violencia institucional.

‹‹NOSOTROS, el Pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer para la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros y para nuestra prosperidad los beneficios de la Libertad, establecemos y sancionamos esta Constitución para los Estados Unidos de América››

                                                                                                 17 de septiembre de 1787

 

Así comienza la base de los principios que rigen a la cuna de la “democracia”, la tierra de los libres y hogar de los valientes.

La Constitución de los Estados Unidos es la constitución federal más antigua en vigor actualmente en el mundo. Sus enunciados han inspirado a decenas de naciones a la hora de redactar su carta magna.

Y es que la libertad de expresión, el derecho a defenderse, a tener un juicio justo y no sufrir tratos inhumanos sonaban tentadores en teoría, más en la práctica demostraron ser una utopía de los padres fundadores, sujeta al libre arbitrio de quien sea que esté en posesión de la batuta.

¿Por qué esta afirmación? Cierren esta ventana y vayan a Google. Tecleen Trayvon Martin, Eric Garner, Michael Brown, Walter Scott, Freddie Gray, Sandra Bland, Philando Castile, Botham Jean, Atatiana Jefferson, Ahmaud Arbery, o Breonna Taylor.

George Floyd es vox pópuli, todos lo vieron ser asesinado a sangre fría en YouTube. Anonymous volvió a las redes el año pasado en el marco de las manifestaciones por Floyd, denunciando los crímenes contra los derechos humanos que el gobierno de Trump cometió durante su gestión y recordó la relación del presidente saliente con Jeffrey Epstein, quien se “suicidó” en prisión tras probarse su participación en un anillo de corrupción de menores y pedofilia. El hacktivista disparó que la policía debería “dejar de matar a personas de color y arrestar a los verdaderos criminales”.

Busquen sobre las protestas del colectivo Black Lives Matter el año pasado, vean a la guardia nacional vestida. Compárenla con la misma fuerza que se desplegó ayer en Washington D.C, donde cientos de fanáticos-no simpatizantes- de Donald Trump se acercaron a hacer destrozos, respondiendo al berrinche de un histriónico enfermo de poder, que arengaba la violencia desde algún lugar cómodo, haciendo uso de sus redes sociales.

El reclamo del mandatario saliente respondía a las meras suposiciones de que “les robaron las elecciones”, y llamó a la gente a salir a las calles y reclamar por el “fraude” electoral. Umberto Eco llamaría al Trump twittero el “idiota del pueblo”, elevado de categoría únicamente gracias al internet.

Ayer el mundo fue testigo de cómo Estados Unidos es la tierra de la libertad, donde nadie que se sale del canon es realmente libre. Cientos de defensores de Trump se agolparon fuera del Capitolio durante el proceso de ratificación de la victoria de Joe Biden y Kamala Harris, presidente y vicepresidente electos el año pasado. 

Los teléfonos celulares capturaron el momento en que la policía corría las vallas para dejar entrar a los “manifestantes”, que en realidad eran una horda de bourgeois de baja categoría, armados y furiosos.

Mucho se habló del grupo ANTIFA en canales como FOX news durante el 2020, sobre cómo colocaban explosivos en la ciudad durante las marchas de Black Lives Matter e infinidad de teorías conspirativas que solo tenían sentido en la cabeza del fanático, pero nadie mencionó la gravedad de los explosivos encontrados ayer en las sedes de los partidos republicano y demócrata.

Se impuso toque de queda en Washington y, de a poco, la policía fue escoltando a los fanáticos fuera del recinto. Gentilmente, no como se vio en las manifestaciones del colectivo BLM. Dentro del Capitolio hubo saqueos de mobiliario, vandalizaron oficinas, algunas personas fumaron marihuana e incluso otras se tomaron selfies en el escritorio que hoy ocupa Mike Pence.

Joe Biden pronunció un discurso y aseguró que “América es mejor que esto” e instó a Donald Trump a tomar responsabilidad por incentivar las agresiones. Trump, por su parte, publicó un escueto comunicado en el que siguió afirmando el “robo de la elección”, pero llamaba a los agresores a irse a casa en “paz”-luego de destrozar y vandalizar todo a su paso con total impunidad.

Luego de que hoy se ratificara la victoria demócrata, Trump anunció que no ha cambiado de opinión, pero que la transición será pacífica; no habrá paz, en sus manos hay hoy sangre.

Al final se hizo un poco de justicia millennial, y fueron suspendidas las cuentas de Facebook, Twitter e Instagram de Trump, por lo menos hasta que finalice su mandato el 20 de enero, aunque la inhabilitación podría durar más. No obstante, el presidente sigue hablando a sus fanáticos a través de las cuentas de sus funcionarios.

Lo triste es que los robos en el Capitolio y el vandalismo fueron producidos por fanáticos blancos, pero quienes hoy limpiaron el desastre fueron personas de color.

Las personas de color tienen tres veces más chances de ser asesinadas a manos de un policía en Estados Unidos que la población blanca.

En términos de patrimonio neto, los hogares blancos son por lo menos 10 veces más ricos que los negros, de acuerdo con las estadísticas de 2017 de la Reserva Federal.

En 2018, la población carcelaria era en un 33% negra y en un 30% blanca. Sin embargo, los blancos representan el 60% de la población adulta del país y las personas de color el 12%.

En las grandes ciudades como Chicago, las personas de color representan el 68% de las muertes por covid-19, a pesar de que constituyen el 30% de la población de la ciudad.

En 2016, la tasa de mortalidad infantil en la comunidad afroestadounidense fue de 11,4 por cada mil nacimientos, mientras en la blanca fue de 4,9 por cada mil, según lo registrado por los Centros de Control de Enfermedades y Prevención (CDC).

Si las agresiones de ayer hubiesen sido cometidas por personas de color, hoy habría lágrimas de dolor, familias rotas y una nación justificando su violencia institucional.

A fin de cuentas, Estados Unidos realmente es la tierra de los libres y valientes.

 

Por un lado, los libres, su privilegio, sus armas e ideas, y la complicidad del aparato de estado y la policía que los deja hacer y deshacer a antojo.

 

En el lado B del disco, los valientes. Los que pisan el escalón de las puertas de su casa y respiran profundo, y se suben a su auto sabiendo que en la otra esquina siempre para la policía, y ellos son negros y el oficial blanco, como le pasó a A.J. Crooms y Sincere Pierce.

 

 Los valientes caminan de noche diciendo plegarias, esperando que no los paren en el trayecto a casa. Cuando llegan y dan dos vueltas a la llave, siguen rezando para que no les tiren la puerta abajo y los maten en su cama, como le pasó a Breonna Taylor.

 

Los valientes que tienen padecimientos mentales no tienen opción, como no la tuvo Walter Wallace Jr.

 

Los valientes no pueden intervenir en nombre del bien de otros, como Jonathan Prize, que fue asesinado por la policía mientras intentaba parar una pelea entre una pareja en una estación de servicio de Texas.

 

Los casos siguen y siguen, no alcanzan las hojas, la tinta, las lágrimas.

 

‹‹Y el resplandor rojo del cohete, las bombas estallando en el aire

Dio pruebas durante la noche de que nuestra bandera todavía estaba allí

Oh, digo, ¿todavía ondea ese estandarte de estrellas?

Sobre la tierra de los libres y el hogar de los valientes››

The Star-Spangled Banner.

 

 


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