Columnistas // 2020-08-25
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Efectos de la pandemia en clave de Desigualdad
Cada vez que hacemos referencia a la desigualdad, como parte de nuestra realidad, resulta necesario percatarse de que uno de los principales problemas de la región Latinoamericana es que se encuentra atravesada por ella.

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A pesar de los esfuerzos esbozados por distintos proyectos políticos, nunca dejó de ser un continente signado por profundas desigualdades de orden estructural que se manifiestan en pobreza de ingreso, privaciones, pero también en cuestiones de la vida cotidiana, como la  educación (de cómo el sistema educativo se encuentra fragmentado, por ejemplo), la salud, el empleo, ni hablar del sistema productivo (que es enteramente heterogéneo lo que provoca calidades disímiles de empleos y un diferencial acceso al sistema de seguridad social).

De ninguna manera cabe pensar a la situación argentina y mendocina como una especie de estado de excepción frente a este escenario regional. Ya que también en el país y la provincia los distintos proyectos políticos engendraron un marcado deterioro de las variables económicas y fracasos en materia de crecimiento, producto de un cocktail de estancamiento más inflación que se tradujo en altísimos niveles de pobreza y exclusión.

Sin ir más lejos para el último momento de gobierno de Mauricio Macri el INDEC registró alrededor de un 38% de pobres en la Argentina, un 10% más (en un período), que los niveles (también altos) exhibidos en el ciclo político anterior cercanos al umbral del 28%. Efectivamente éste fue el contexto, en el que arribó el covid -19 es por eso que, ya atravesado más de 150 días, de lo que llamamos por comodidad “cuarentena”, tenemos de manera analítica que plantearnos nuevamente ¿Cuáles han sido sus efectos hasta la fecha?  y ¿Cuál es el abanico de posibilidades pos-pandemia ?. 

Efectos

Los efectos son variados, quizás el más visible sea el sanitario, pero no es el único. Si apelamos a la memoria recordaremos que la llegada del virus no fue inicialmente tan vertiginosa, en comparación a los reportes que llegaban del continente europeo o asiático. Esto se debió a la aplicación inmediata de una política de cuarentena que estableció una especie de barrera de contención para evitar la propagación del virus, se establecieron límites claros en cuanto a las condiciones del aislamiento preventivo y protección de la población en su conjunto y se buscó fortalecer el diezmando sistema de salud, que entregaba el macrismo.

Se podrá debatir aposteriori si estas condiciones fueron las indicadas para las poblaciones más vulnerables o si se podría haber inclinado por otra opción, una medida de corrección y no la herramienta de prevención (aislamiento forzado y obligatorio), que por cierto es arcaica. Sin embargo, hasta el momento, sabemos qué la gestión de la pandemia fue acertada, no había en el espectro una alternativa mejor, los resultados están a la vista en comparativa a la gestión desastrosa en países como Chile y Brasil.

Pasado el momento de estupor y parálisis inicial frente al fenómeno, la enfermedad siguió avanzando, pero junto a ella comenzó a agravarse la crisis económica en curso. Lo ocurrido es que un país con pocas reservas y con recursos limitados como el nuestro se vio en la necesidad de frenar una economía que ya venía en crisis, desajustada y endeudada por el gobierno de Cambiemos. Un Gobierno recientemente asumido debe enfrentar con un Estado Nacional y Estados provinciales empobrecidos y endeudados dos crisis: la económica y la pandemia, que impactan en el empleo y los ingresos.  

El mayor problema reside en que las restricciones impuestas por la cuarentena detienen la actividad económica lo que comienza a gestar el deterioro profundo de sus variables.

El primer impacto lo reciben aquellas personas pertenecientes al sector informal de trabajo, aquellos que subsisten mediante changas o aquellos que dependen del trabajo del día a día del intercambio en la calle, generando bienes y servicios para los sectores mayormente populares en mercados no formales. En este caso, la capacidad del Estado para responder estuvo a la altura, garantizando una política de asistencia para el sector con el Ingreso Familiar de Emergencia o bonos complementarios de programas que ya estaban en funcionamiento. Concretamente el (IFE) es percibido por casi nueve millones de beneficiarios, es decir, cuatro de cada diez personas de entre 18 y 65 años. Según informó la Anses  una de cada diez personas que reciben el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) accedieron a un trabajo formal registrado entre los meses de febrero de 2019 y enero de 2020, más de la mitad 55,7% son mujeres, de las cuales el 42,3% son trabajadoras de la economía informal o desempleadas sin ningún tipo de cobertura estatal. En la provincia hay una población de 1.990.338 habitantes y la cantidad de beneficiarios del primer IFE fue de 356. 616. El total de la población económicamente activa es de (931. 478), por lo que el porcentaje de cobertura del primer IFE fue del 38,3 %, es decir que 4 de cada 10 mendocinos recibieron esta ayuda del Estado Nacional.

El segundo impacto es producto de la detención de la demanda y el consumo relacionados fuertemente con el sector formal de la pequeña y mediana empresa que no solamente vieron su actividad paralizada y velada la capacidad de participar de la cadena de valor a través de la compra de insumos, bienes y servicios, sino que además se veían incapacitadas de pagar salarios. Esta situación fue nuevamente confrontada por el gobierno en ejercicio pagando parte de los salarios de una cantidad importante de empresas, alrededor de 200.000 fueron las beneficiadas con el pago del 50% de los salarios de empresas de distinto tamaño y composición, dato no menor

Sin embargo, el esfuerzo no es suficiente dado que en argentina actualmente existen alrededor de 500.000 empresa/ unidades productivas. Es decir, más de la mitad no fueron contempladas, muchas quedaron afuera por su carácter de informalidad o por contar con trabajadores en situación de precariedad, pero no es el típico caso de la empresa grande que está explotando, sino que estas PYMES llegaron a esta situación producto del contexto económico previo a la finalización del 2019.

El tercer y último gran impacto es la caída de la remuneración de los sectores medios, obreros y empleados de PYMES y de los autónomos de clases medias bajas que brindan servicios personales, dado que esta situación le quita capacidad de obtención de ingresos para el consumo de lo cotidiano.

 Cabe aclarar que sectores medios y medios bajos que detuvieron parte de su actividad no han quedado tan vulnerados como otros sectores. En este estrato es donde el teletrabajo ha funcionado de manera eficiente, donde el sector público y privado han mantenido las remuneraciones a pesar de la crisis, y han logrado sostenerse. Como vemos la crisis impacta mayormente sobre los hogares que dependen del sector informal donde se ven postergadas cuestiones como el cuidado preventivo, la salud, la educación y el deterioro progresivo del hábitat. Es el sector donde exponencialmente viene creciendo la pobreza.

 El resultado es el empobrecimiento de amplios sectores de nuestra sociedad y lamentablemente se vislumbra una economía pos- cuarentena mucho más deteriorada, segmentada y por supuesto desigual, en el que se profundiza una distancia entre los sectores formales e informales que va a llevar tiempo subsanar.

Posibilidades

  Como advertimos el diagnóstico está lejos de ser alentador, por más que quisiéramos que fuese diferente. El panorama arroja por lo pronto salarios en descenso, que se traduce en una mayor cantidad de obreros y empleados desocupados, sub ocupados y más precarizados. Se avizora entonces una sociedad más vulnerable desde el punto de vista político-ciudadano, actores sociales más debilitados y desgastados desesperados por asomar la cabeza, esperanzados en que su situación se aliviane.

Pero no todas son malas noticias, la situación de pandemia permite reflexionar acerca de los pequeños espacios de oportunidades que se generan sobre la marcha. Una de estas posibilidades radica en la construcción de alianzas o coaliciones sociales, políticas y económicas que puedan ofrecer algo distinto, no en el trascurso diario de la pos- cuarentena, sino algo a mediano y largo plazo. Hablamos de la generación de políticas que introduzcan cambios en las reglas de juego en términos distributivos, para que los modelos de crecimiento tengan o cuenten con pactos redistributivos más sólidos y sustentables, donde las esferas de acuerdos giren en ejes vinculados al cuidado de la salud, al medio ambiente y la educación de los más afectados. 

Por otro lado, la posibilidad de que aparezca una clase dirigente con una mirada que dé cuenta de la importancia de estas coaliciones, de la urgencia de estos nuevos pactos que abran la puerta para una argentina distinta. Sabemos que la pobreza no se va a poder aliviar en el corto plazo y que la desigualdad va a ir en aumento, pero la pregunta está centrada en ¿qué hacer en el mediano y largo plazo? 

Se necesita pensar en proyectos que conduzcan a la sociedad a ser más sustentables, pero evidentemente con más pobreza y desigualdad no va a hacer posible. Es la oportunidad de dar una un paso hacia adelante como sociedad, por eso necesitamos proyectos de miradas extensas y dirigentes y organizaciones sociales y políticas capaces de entender la complejidad y no el pequeño rol que les toca desempeñar a cada uno.

 Se debe pensar en tener una mirada integral que posibilite un modelo de desarrollo pos -pandemia para responder con políticas de estado que giren alrededor de estrategias alternativas. Hoy por ejemplo se abre la posibilidad de debatir el ingreso ciudadano, de un piso mínimo para casos de emergencia para distintos grupos sociales. O en un contexto donde va a haber poco crecimiento, porque no pensar en fortalecer la economía social para que genere riqueza en los espacios más pobres urbanos o rurales y desde ese lugar apostar al capital humano y social de esas comunidades.

Esto también hay que pensarlo en la generalidad de política económica, en materia de desarrollo, industrialización y nuevas ruralidades, donde se abren espacios para la renovación tecnológica, productiva y social. El dilema es que las condiciones objetivas existen, pero esto no quiere decir, que a su vez exista la voluntad o las capacidades de las distintos grupos y dirigentes de poner al menos en debates estos temas.

 


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