Columnistas // 2017-04-09
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Tiempo de revancha: Mercosur versus Alianza del Pacifico
Resulta paradójico que cuando Estados Unidos promovía en el 2005 el libre comercio desde Alaska a la Antártida, los gobiernos populares dijeron no al ALCA; hoy, que Washington se torna proteccionista y xenófobo, las derechas subdesarrolladas de la región reclaman apertura comercial.


Se llevó a cabo en la Ciudad de Buenos Aires  la reunión de los cancilleres de la Alianza del Pacífico y del Mercosur. Los mismos  coincidieron “en la importancia de responder a los retos actuales, a través de la intensificación de los esfuerzos a favor del libre comercio y de la integración regional”.  Los representantes  del Mercosur con la presencia de  Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y los de la Alianza del Pacífico que integran Chile, México, Perú y Colombia firmaron  un comunicado conjunto en el que se comprometieron a  "explorar acciones de interés común en el ámbito de la integración económica regional" y se obligaron, con  una hoja de ruta a la vista,  a profundizar el intercambio comercial.

Dicho así, esta reunión no pasaría de ser una aburrida crónica de  un grupo de diplomáticos que, como dice Joan Manuel Serrat en Algo Personal,  andan “rodeados de protocolo, comitiva y seguridad, y viajan de incógnito en autos blindados”.  Pero por el contrario, estos burócratas representan un cambio de época en Latinoamérica. La ofensiva neoliberal que encarnan, que  llegó enancada  de la  desestabilización  institucional,  la manipulación mediática,  la  mentira organizada y la colonización ideológica está dedicada a tiempo completo, a destruir los fundamentos políticos y económicos del modelo de integración regional construido en la última década.  Tutelados  por los ganadores de la globalización financiera,   acechan  al  Mercosur y la Unasur hasta, de serles posible, cerrar las puertas de la historia a estas experiencias populares  gestadas con lucidez y autonomía. 

Fue a  partir del año 2002 que el  gobierno de los Estado Unidos,  presidido  entonces  por el rudimentario George W. Bush Jr.,  comenzó con la implantación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un  proyecto   de neto corte neoliberal cuyos objetivos  iban, como siempre lo ha sido,  mucho más allá de la simple  imposición de mecanismos de  liberalización comercial o financiera. Recordemos que esta  iniciativa del gobierno norteamericano se  dio en el contexto de un recambio de sus prioridades estratégicas que apuntaron, como ya es rutina,  a reforzar  su  hegemonía  sobre el nuevo orden internacional.  En ese esquema  de poder,   América Latina siguió  teniendo  una importancia estratégica  que   Estados Unidos  no descuidó en ningún momento.

Siguiendo la estela intelectual  trazada por  Samuel P. Huntington,  el teórico del Choque de Civilizaciones, quien afirmaba que para sostener el carácter de potencia dominante era necesario “promover los intereses empresariales norteamericanos bajo los eslóganes del comercio libre y mercados abiertos y modelar las políticas del FMI y el Banco Mundial para servir a los mismos intereses”, el ALCA tuvo como objetivo declarado crear una zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Fue inocultable sin embargo la intención estadounidense  de mejorar la competitividad de sus empresas mediante el control  político, jurídico y militar de la región, para garantizarse  así el acceso a las materias primas del continente y  a la abundancia  de mano de obra barata disponible.  La desarticulación del Mercosur formaba parte de aquella  avanzada neocolonial.

Sin embargo, como la historia no es lineal ni la fatalidad un destino inevitable, con proyectos y liderazgo político se pudo  torcer el rumbo de los acontecimientos. Esto fue lo que aconteció en la inauguración de la IV Cumbre de las Américas, celebrada en Mar del Plata entre el 4 y 5 de noviembre de 2005. Allí el expresidente Néstor Kirchner, en presencia del presidente de George W. Bush Jr,  respaldado por  Lula da Silva y Hugo Chávez,  resolvieron decirle  NO al ALCA y con ese gesto casi inédito,  sepultaban  el modelo hegemónico y de subordinación que procuró  imponerse.  

Este fue el inicio de una etapa fecunda para la  integración regional. Esta actitud de dignidad y valentía  constituyó, no solo un rechazo  al proyecto neoliberal  continental, sino un nuevo y reconfigurado  impulso al Mercosur que dio nacimiento a  una novedosa  institucionalidad como lo es Unasur y la Celac.

Pero la ofensiva  neoliberal no se detuvo. En el 2011 surgió la  Alianza del Pacífico, contrapeso del Mercosur y heredero menor del ALCA;  una iniciativa de integración latinoamericana tutelada por Estados Unidos y pactada entre países que promueven el libre comercio.  Sus objetivos pueden sintetizarse  en la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas; ostenta una  economía fuertemente extractivista y tiene el  énfasis puesto, por la ubicación geográfica  de los socios,  en el área Asia-Pacífico.

Sin embargo, una de las tareas fundamental de  la Alianza del Pacífico,   es impedir la consolidación de  los procesos   de integración soberanos y autónomos como lo es el Mercosur.  El Mercado del Sur es una  experiencia  proteccionista ,  que  superó  la faceta  meramente comercial  y  aspira  a una integración productiva. Tiene también fuertes  compromisos  con el multilateralismo,  los derechos humanos, los valores  democráticos y pretende   construir una  ciudadanía sudamericana alentando  la diversidad cultural y étnica como también  la integración social, ambiental y educativa. 

En consecuencia, y a pesar  de que en la reunión de Buenos Aires  los cancilleres  subrayaron que se trató de un encuentro  con eje en lo comercial pero que no buscaron  la unificación de los bloques es notorio que, los gobierno oligárquicos  de Argentina, Brasil y Paraguay,  han venido a tomarse revancha de la derrota sufrida por el  ALCA  y están facilitando el derrumbe  del Mercosur  y el fortalecimiento  de la Alianza del Pacífico.

Lamentablemente este  esquema que impulsan los gobiernos de turno,  llevará inevitablemente a seguir profundizando la vulnerabilidad y la dependencia externa de nuestras economías,  dinamizará  una mayor concentración de la renta y consolidará  una reprimarización de la matriz productiva, todo ello en desmedro del trabajo y la producción nacional.

Es necesario entonces desmontar   el discurso de los  sectores dominantes que buscan consolidar, mediante la falsa “convergencia”  Mercosur – Alianza del Pacífico,  un esquema de dependencia,  desigualdad social y preservación de sus obscenos  privilegios. Apelando a una estrategia  de hechos consumados, los grupos  oligárquicos de la región buscan legitimarse apelando al chantaje ideológico,  secuestrando el sentido común cuando no,  esgrimiendo  una falsa superioridad moral o  recurriendo  a una brutalidad, apenas  disimulada,  de orden y respeto.  Y como hemos aprendido que no hay separación entre  lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, lo personal y lo político, es justo   decir  que, en versos de  Serrat,  “entre esos tipos y nosotros, hay algo personal”.


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