Columnistas // 2017-03-05
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Recalculando
Horizontes inciertos en la política exterior Argentina
Mauricio Macri se ha quedado sin hoja de ruta en política exterior. Su anacrónico y erróneo recetario neoliberal se estrelló contra un muro de proteccionismos, nacionalismos y especulación financiera. Desorientado, debe redefinir su estrategia.


El presidente Macri heredó una política exterior que rechaza. Se propone entonces pulverizar la pesada herencia integracionista, multipolar, aliada a países “populistas” y autoritarios que tienen, según su rústico dogma neoliberal, la pésima manía de proteger sus economías, sumado al mal hábito de consumir lo que, a su criterio, no les corresponde.

Con la fe intacta en el libre mercado, el objetivo de su política exterior será entonces romper el aislamiento, generar confianza y reinsertar la Argentina en la agenda global, un trillado eufemismo para justificar los alineamientos tras la Unión Europea, Estados Unidos y las corporaciones financieras, responsables directos del actual cataclismo internacional.

Con el fin de crear las condiciones para la llegada de la lluvia de inversiones, accedió con entusiasmo al pago usurario de los fondos buitres para luego gratificar a los sectores agroexportadores, mineros y financieros, cuya apoyo estimuló con una escandalosa transferencia de recursos. 

Del mismo modo, debilitó la histórica posición Argentina sobre la Cuestión Malvinas, suscribiendo una declaración conjunta con el Reino Unido donde abandona el  reclamo de soberanía a la vez que asume onerosos compromisos en materia de recursos naturales, hidrocarburos y vuelos comerciales. 

Para "combatir el proteccionismo en todas sus formas" se dio luego a la tarea, asociado a los gobiernos conservadores de Sudamérica, de desarticular el modelo de integración regional que se construyó en los últimos años en torno al Mercosur y Unasur. La decisión política de incorporar a la Argentina como país observador de  Alianza del Pacifico, que patrocina EEUU, es un paso en esa dirección. También Unasur, de no mediar un cambio de rumbo, está sentenciada a correr la misma suerte.

Entusiasmado con liberalizar el comercio con el viejo continente, el Presidente intentó acelerar el Acuerdo de Asociación Birregional Mercosur – Unión Europea. Pero luego de separar ilegalmente a Venezuela del bloque, único opositor de este proceso, las dificultades comenzaron a sumarse. Al conocido rechazo de los europeos de la rebaja de aranceles a los productos agrícolas, se sumó el Brexit y el ascenso de los nuevos nacionalismos proteccionistas con la candidata presidencial de Francia de extrema derecha a  la cabeza, fenómeno que se extiende a Alemania, Italia y otros países de la Unión. Por ello, los tratados y las inversiones fuera de Europa, tendrán que seguir esperando.

En la misma línea y para congraciarse con Estados Unidos, el Presidente deterioró el vínculo con China, el que tiene, para nuestro país, categoría de “Asociación Estratégica Integral”. El nuevo gobierno, además de sembrar sospechas sobre la transparencia de los acuerdos bilaterales firmados en la gestión anterior e intentar paralizar la construcción de las represas “Néstor Kirchner” y “Jorge Cepernic” financiadas por los asiáticos, amenazó a China con negarle el estatus de economía de mercado. Una beligerancia innecesaria y paradójica con un actor decisivo para un modelo “granero del mundo” que, arrasando la  industria y el trabajo argentino, apuesta a reprimarizar la matriz productiva.

Las malas nuevas también llegaron desde Moscú. El traspié político fue la caída de los US$ 2.000 millones destinados al financiamiento del proyecto de la central hidroeléctrica Chihuido en la provincia de Neuquén ya acordados con Rusia. Las sospechosas dilaciones y nuevas exigencias planteadas por la Casa Rosada, llevaron a Vladimir Putin a descartar el crédito comprometido. Los neuquinos deberán seguir esperando.

En este camino sembrado de tropiezos, la sorpresiva derrota de Hillary Clinton, a quien el Presidente apoyó explícitamente, fue otra de las tantas decepciones. Los desplantes de Donald Trump no se hicieron esperar. Prometió murallas de concreto para bloquear el tránsito de personas pero también para impedir el ingreso de productos y servicios de la región. La reforma tributaria anti importaciones, la revaluación del dólar y el desincentivo a las inversiones fuera de las fronteras que alienta la Casa Blanca, complican los planes del ingeniero Macri. Tal vez el rechazo de los limones tucumanos y otros caprichos similares, sin ser estructurales, prueban la necesidad de revisar la agenda bilateral con el belicoso y descortés Sr. Trump.

Un innecesario costo internacional ha pagado también el gobierno argentino  por la detención arbitraria de la parlamentaria del Parlasur, Milagro Sala. Ignorar los pedidos de liberación del Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de Naciones Unidas, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y del secretario general de la OEA, son alardes de imprevisibles consecuencias como se lo hicieron notar primer ministro de Canadá, Justin Trudeau o Podemos en España.

Con la canciller Susana Malcorra trabajando a medio tiempo, como ella misma confesó luego de ser derrotada en su idea de presidir la ONU, Argentina ha desaprovechado un año de su política exterior. Ni Davos ni el mini Davos, ni siquiera la visita de Barack Obama  sirvió para estimular a los inversores. Las buenas noticias de afuera no llegarán si predominan la parálisis, los prejuicios, los errores y la falta de estrategia. Realismo y pragmatismo son los términos para pensar la inserción de Argentina en este inestable sistema internacional. Por eso es necesario  tener autonomía y fortaleza externa, capital que se adquiere  a partir de contar con  una alta legitimidad interna. De allí que la política exterior no puede diseñarse en beneficio exclusivo de elites  improductivas como tampoco ser sólo la  expresión de una sola alianza política. Elegir la vía del híper endeudamiento externo para congraciarse con el sistema financiero es, además de  inmoral,  una pesada hipoteca para las generaciones venideras.

Se debe fortalecer la integración regional revitalizando el Mercosur, la Unasur y sosteniendo una vigorosa defensa de la industria nacional contra las soluciones de mercado. Solo así se podrá incorporar competitivamente la economía argentina al mercado internacional; caso contrario será presa fácil de los grandes bloques hegemónicos. La cooperación Sur-Sur con países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático o naciones africanas, son claras alternativas subregionales de integración.

Para generar confianza internacional no basta con maquillar los errores propios repartiendo culpas o excusas. Quizá el presidente Macri, como decía el uruguayo Mario Benedetti con precisión poética, cuando creía tener todas las respuestas, de pronto le cambiaron todas las preguntas.  Pero en política internacional, como en tantos otros ordenes de la vida, no hay condiciones ideales, se las construye. De eso se trata gobernar.



Para profundizar sobre este aspecto, ver Poblette, Jorge “Las nuevas invasiones inglesas o el retorno al estatuto del coloniaje”, publicada el 15/01/17 disponible en línea: http://vaconfirmamendoza.com.ar/?articulos/articulos_seccion_719/id_2097/las-nuevas-invasiones-inglesas-o-el-retorno-al-estatuto-del-coloniaje

 


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