Columnistas // 2017-01-15
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Las nuevas invasiones inglesas o el retorno al estatuto del coloniaje
La circular historia argentina, y en particular la de su política exterior, se obstina en darle la razón a Borges cuando en su relato El Sur, conjetura que “a la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos.”


 En materia de  relaciones internacionales hay una nítida línea histórica que  entronca simétricamente  la naturaleza centralista, oligárquica y antinacional de la gestión de Mauricio Macri con el gobierno unitario de Bernardino Rivadavia y de su  funesto  ministro Manuel García. El Comunicado Conjunto firmado con el Reino Unido de Gran Bretaña en  setiembre último ratifica esta comparación. La forma en que el gobierno nacional  está  manejando  esta relación bilateral  remite  a  viejas  etapas de la   historia argentina  donde  la voraz burguesía  local,  que sigue actuando  como gerente  de intereses  transnacionales,   no ha  dudado en sacrificar   hombres y territorios   a cambio de sostener sus exorbitantes privilegios: hoy  son las Islas Malvinas,  los archipiélagos y sus  mares circundantes los que están siendo objeto de un vergonzoso y cómplice despojo.

Con el desafío de sacar credenciales  de estadista y de “reinsertar la argentina en el mundo”, un eufemismo para encubrir su alianza con las estructuras hegemónicas del poder global,  el nuevo mandatario argentino salió al mundo a seducir países “serios”,  de severas tradiciones imperiales anglosajonas y amantes del libre comercio: atraer inversiones fue la  consigna.

Los ingleses, siempre interesados en acoger a muy convenientes y dóciles amigos, recibieron entusiastas las buenas nuevas que llegaban  de Argentina.  El diario londinense The Economist,  “órgano europeo de la aristocracia financiera” como lo definiera Marx,  resalta que “Macri buscará reparar las relaciones con Estados Unidos y Europa, que Fernández desairó a favor de la amistad con regímenes autoritarios como los de Rusia, Irán y China".  

También  Theresa May, la conservadora Primera Ministra del Reino Unido, remite de inmediato una carta al presidente argentino  en la que sin mucha sutileza, lo invita a  ingresar en una fase política más productiva  y trascartón,  le pide  “progresar hacia nuevas conexiones aéreas entre las Islas Falkland y terceros países en la región y la remoción de las medidas de restricción de los hidrocarburos”.

Sin embargo,  paradójicamente,  estas groseras  pretensiones británicas  encontraron un aliado incondicional en el propio gobierno argentino  el cual, el día 13 de septiembre,  sorprendió con un Comunicado Conjunto,  donde convalida sin objeciones, este  nuevo estatuto del  coloniaje, que pone en crisis una larga política de Estado construida en esa materia. 

Este nuevo Acuerdo entre Argentina y el Reino Unido contempla, entre otros desventajosos asuntos:

●        Explotación de hidrocarburos: Inglaterra pide “remover”  la leyes 26.659 y   26.915  que impiden y penalizan a quienes  exploten hidrocarburos ilegalmente  en la  Plataforma Continental Argentina.  Si bien para  la canciller Susana Malcorra  este no es “el tema dominante” según lo  declaró a The Financial Times,   sí lo es para los británicos quienes se han apropiado también de un nuevo yacimiento gasífero y petrolero ubicado en la zona en litigio  con Argentina. Según reveló el  presidente de la empresa petrolera Rockhopper Exploration Plcn, Pierre Jean-Marie Henri Jungels, se trata de “… un yacimiento de petróleo de clase mundial",  con un potencial “de 1.000 millones de barriles”.

●        Renuncia a la  soberanía: subordinado a dudosos intereses comerciales, el Acuerdo,  expresamente omite incluir  el legítimo reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas que viene sosteniendo nuestro país en consonancia con la resolución 2065/65 de la ONU y la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional. En un verdadero y alarmante retroceso diplomático, se aplicará  la  fórmula del paraguas de los  acuerdos de Madrid,  del 19 de octubre de 1989,  aceptándose complacientemente  el enclave colonial británico sobre suelo argentino.

●        Relación entre las Fuerzas Armadas: el gobierno de Cambiemos  acuerda  fortalecer la relación entre las dos Fuerzas Armadas  sin objetar la base militar británica en el territorio argentino  como  tampoco protestar por los  ejercicios militares  que se realizan en las Islas  Malvinas con material misilístico, contraviniendo  la Resolución  de la ONU 41/11 que declara  Zona de Paz al  Atlántico Sur

●        Solidaridad con los isleños: para hacer aún más confortable y rica la vida de los isleños británicos que ocupan Malvinas, que ya tienen el séptimo ingreso PBI per cápita del mundo, se  les  facilita graciosamente la depredación de recursos  naturales argentinos  como la pesca, y se les concede  nuevos beneficios en materia de navegación y comercio,  como así también novedosas becas de estudio y atención sanitaria de alta complejidad en nuestro país.

●        Vuelos: para fomentar el turismo hacia el archipiélago,  se habilitarán   nuevas conexiones aéreas con terceros países y dos con escalas en el nuestro. Mientras los argentinos, extranjeros en su propia tierra,   deberán seguir presentando rigurosamente su pasaporte.

Mauricio Macri es parte  de un linaje subordinado cultural e ideológicamente.  Así como a principios del siglo XIX,  Rivadavia y García instigados por los británicos,  traicionaron el sueño liberador de  Artigas,   contribuyendo conscientemente a desmembrar  la Banda Oriental a pesar de la aplastante derrota que el ejército  argentino  le  propinó a las fuerzas imperiales brasileras en la batalla de Ituzaingó. Hoy también la alianza Cambiemos abandona el  legítimo reclamo de soberanía sobre Malvinas,  el reconocimiento a los ex combatientes y la protección de los recursos naturales  sin ningún tipo de beneficio para Argentina,  escamoteando inconstitucionalmente la intervención del Congreso de la Nación en el acuerdo.   

Quizá la tarjeta de salutación oficial de fin de año enviada por la Ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, que contiene un mapa de la República Argentina pero sin Malvinas ni la Antártida Argentina,  no sea un simple error de diseño sino una proyección y  un espejo que refleja  a la perfección el verdadero pensamiento macrista con respecto a la Cuestión Malvinas.

Nuestro continente no sólo está edificado sobre  simetrías y anacronismos sino también, corroborando  la ley de  Marx,  se confirma que la historia ocurre dos veces, “(…) la primera vez como tragedia y la segunda como farsa”.  Pero también hoy, como muchas  veces en  la vida de los argentinos, la tragedia otra vez se asoma amenazante detrás de la farsa. 


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