Columnistas // 2021-04-26
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La lucha por el clima como imperativo moral
El 22 y 23 de abril se realizó la Cumbre de Líderes sobre el Clima que reunió a representantes de países, empresas e instituciones de todo el mundo para reflexionar y presentar propuestas sobre el tema.


El presidente Joe Biden quiere posicionar nuevamente a los Estados Unidos como protagonista de la lucha contra el cambio climático, luego de que su antecesor, Donald Trump, retiró al país del Acuerdo de París en el 2017. Dicho Acuerdo es el tratado internacional a partir del cual los países se comprometieron a establecer sus propias medidas de acción climática para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Con ese objetivo, Biden convocó a representantes de los 40 países más importantes del planeta a la Cumbre de Líderes sobre el Clima, una conferencia virtual realizada en dos días consecutivos, dando su comienzo el día internacional de la tierra el 22 de abril. Cerca de 40 presidentes y primeros ministros, además de representantes de empresas multinacionales, asociaciones y sindicatos participaron del evento.

La Cumbre representó un ámbito multilateral por excelencia, donde estuvieron presentes incluso países que en otros asuntos presentan serias diferencias (Estados Unidos, China, Rusia, Japón, India, Unión Europea, entre otros).

Se trata de un reconocimiento internacional de que estamos frente a un problema grave de toda la humanidad, que necesita de una toma de conciencia y acción de manera urgente.

Las medidas que han tomado los países hasta el momento no son suficientes para evitar un futuro desastroso en el planeta, que ya tiene un presente donde escasean el agua y la comida, y las catástrofes naturales se multiplican a lo largo y lo ancho de su superficie.

En ese marco, las conclusiones científicas indican que, para evitar que la crisis climática se convierta en un desastre permanente e irreversible, es necesario que a mediados de siglo las emisiones de gases de efecto invernadero sean de valor cero, impidiendo que el calentamiento global llegue a 1,5 grados centígrados.

Se precisa que los países avancen decididamente en ese sentido, pero no alcanza solo con los gobiernos, deben sumarse también empresas, instituciones financieras, organizaciones de trabajadores, de la ciencia, la academia y de la sociedad civil. 

El mundo atraviesa un momento en el que se están movilizando billones de dólares para superar la pandemia de COVID-19 y, esta reconstrucción económica puede ser una oportunidad de avanzar en una transición amigable con el medio ambiente.

Aunque los datos de la realidad no son optimistas. Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), ha dicho que existe un incremento en las emisiones de dióxido de carbono ligadas a la energía tras la bajada del año pasado por el Covid-19. La AIE pronostica un aumento de un 5% de estas emisiones, lo que supondría el segundo mayor incremento registrado hasta ahora (el primero fue en 2010, tras la crisis financiera).

La eliminación gradual del carbón es uno de los pasos más importantes para alcanzar el objetivo ya que se trata del combustible fósil más contaminante de los sectores energéticos. El mundo debe acabar con el negacionismo climático y acordar el fin de la era del carbón.

Esta transición debe hacerse teniendo en cuenta los intereses y las necesidades de todos los sectores, en primer lugar, de los trabajadores que corren riesgo de ver afectadas sus fuentes laborales. También es cierto que aparecen oportunidades económicas en la transición energética y que cientos de miles de empleos de calidad se podrán crear en esta transformación.

La cumbre ha servido para que Biden certifique el regreso de su país a la lucha contra el calentamiento global y para presentar su nuevo objetivo de recorte de emisiones: entre un 50% y un 52% en 2030 respecto a los niveles de 2005.

A su vez, el presidente de China, Xi Jinping ha dicho que el pico de emisiones de gases de efecto invernadero se alcanzará en su país antes de 2030 y que el gigante asiático se convertirá neutro en emisiones para 2060.

La Unión Europea sigue siendo el motor de las políticas de descarbonización en el planeta. Su presidenta, Ursula von der Leyen, anunció hace pocos días que el objetivo de la UE es llegar a una reducción del 55% de las emisiones en el año 2030 y alcanzar la plena descarbonización en 2050. Europa se convertiría así en el primer continente climáticamente neutro.

Por su parte, el presidente Alberto Fernández se comprometió a presentar el plan nacional de mitigación y adaptación, a desarrollar al 30% de la matriz energética nacional con energías renovables, a tomar medidas para erradicar la deforestación ilegal tipificándola como un delito ambiental, a enviar un proyecto de ley de presupuestos mínimos para la protección ambiental de los bosques nativos y a promover el rápido tratamiento de la ley federal de educación ambiental. Además, dijo que es necesario renovar la arquitectura financiera internacional, movilizando recursos a través de la banca multilateral y bilateral, para pagos por servicios eco-sistémicos y canjes de deuda por acción climática.  

El secretario general de la ONU, António Guterres, resaltó que la década pasada fue la más calurosa de la historia, que los gases de efecto invernadero han alcanzado niveles no vistos en tres millones de años y que la temperatura global ya ha aumentado en 1,2 grados centígrados, una combinación que acerca al planeta “al umbral de la catástrofe”.

Entre los efectos de este calentamiento encontramos el aumento constante del nivel del mar, que se suma al registro cada vez más común de temperaturas extremas, ciclones y huracanes devastadores, inundaciones e incendios forestales inmensos. Los científicos afirman que esta es la década decisiva. El calentamiento implica más incendios, tormentas, inundaciones o sequías, crisis humanitarias de hambre, enfermedades y desplazamientos. 

En la última década, los fenómenos meteorológicos obligaron a dejar sus hogares a 21,5 millones de personas cada año, lo que representa más del doble que los refugiados y desplazados que causaron las guerras, los conflictos armados y la violencia, destacó la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en un informe presentado el día de la tierra.

La única posibilidad es que el mundo emprenda y logre un camino más limpio, ecológico y sostenible en armonía con la naturaleza. La ciencia, los fenómenos y desastres ambientales ya dejaron en claro que, a menos que aumentemos drásticamente los esfuerzos en el transcurso de esta década, se condenará a las generaciones presentes y futuras a un daño incalculable.

 


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