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Igor Fuser es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal del ABC, en San Pablo. Es especialista en cuestiones vinculadas a América Latina y, como tal, analiza el momento en el que se encuentra nuestro continente. Desde la década de los ’90 que no coincidían dos gobiernos de derecha electos democráticamente en Brasil y Argentina.
Tras el golpe a Dilma Roussef, la derecha tomó el comando político de Brasil. Sin embargo, el poder real de Temer se vio limitado por su falta de legitimidad al tratarse de un gobierno golpista. A pesar de esto, en este 2019 la derecha arremete de manera más dura, reconvertida, con un personaje de la talla de Bolsonaro.
El encuentro entre Macri y Bolsonaro, además de lo simbólico acarrea una serie de cuestiones concretas: avance de los Estados Unidos en la región, cambios en los ejes de desarrollo regional y relación con los otros países del continente (sobre todo con Venezuela). Ante esta situación, Fuser analiza cómo se dio este encuentro:
VCF - Uno de los temas centrales del encuentro entre Bolsonaro y Macri es el MERCOSUR, hace un tiempo Bolsonaro especuló incluso con la posibilidad de salirse y negociar bilateralmente con los demás países desde Brasil. ¿Cuáles cree que serán las continuidades y quiebres que puede haber?
Macri y Bolsonaro comparten la misma visión del Mercosur, como un espacio de libre comercio en los marcos del “regionalismo abierto” de los años ’90. O sea, pretenden mantener los acuerdos que favorecen a las grandes empresas nacionales y trasnacionales instaladas en ambos países al mismo tiempo en que buscan una inserción subalterna en las cadenas productivas globales. Tienden a abandonar el proyecto de Mercosur como una unión aduanera.
VCF - En Argentina, desde la asunción de Macri tomó mayor protagonismo la influencia de Estados Unidos y el FMI en la política económica local. En el gabinete de Bolsonaro hay algunos Chicago Boys¿Se cree que Brasil irá en la misma dirección?
En ambos países está en curso un proyecto económico neoliberal radical, inspirado por los economistas de la Escuela de Chicago, sin embargo, matizado en su aplicación práctica, por la necesidad de preservar políticas sociales implementadas por los gobiernos anteriores de centro-izquierda. Ellos tildan de populistas a estas políticas, en especial al programa que en Brasil se titula Bolsa Familia y en la Argentina, la Asignación Universal por Hijo.
O sea, la disputa política impone límites al neoliberalismo. Pero la disposición de ambos gobiernos camina en el mismo sentido, que es eliminar, de la forma más contundente y absoluta, los obstáculos a la libre acción de los grandes capitales. Así se eliminan derechos laborales, políticas de redistribución de la renta y elevación de salarios, políticas de desarrollo nacional, normas de protección ambiental, entre otras.
VCF - Teniendo en cuenta estas coincidencias entre los programas políticos y económicos de ambos gobiernos, ¿Cree que esto fortalecería la relación entre Argentina y Brasil?
La convergencia política no significa necesariamente una mayor cooperación entre los países. Al contrario, la propia lógica del neoliberalismo lleva a los dos países a competir por inversiones externas. Tanto Brasil como Argentina intentan presentarse al mundo como “el líder del sur americano”, como aquel país que ofrece el ambiente más favorable a los negocios, con menos impuestos, más estabilidad, menores salarios, mano de obra más barata y más domesticada. El neoliberalismo no favorece la integración y sí la competencia.
VCF - En base a esto, teniendo en cuenta que dos de los países con mayor influencia política y económica de la región van a contramano de lo hecho durante los años anteriores ¿Cómo cree usted que será la situación para la Unasur y el Parlasur?
La Unasur está muerta, solo falta el certificado de defunción. El Parlasur nunca fue más que una promesa, un sueño. Nunca tuvo importancia práctica y así continuará. A los gobiernos de la extrema derecha no les interesa tomar por asalto la Unasur y colocarla al servicio de sus políticas, porque consideran que nació con el pecado original, marcada por el bolivarianismo. Por eso hablan de crear el Prosur, que será en la práctica la institucionalización del Grupo de Lima, un instrumento político más al servicio de las derechas y de los Estados Unidos, sin ningún propósito integracionista.
VCF - Estos nuevos liderazgos políticos de derechas ¿cómo pueden afectar la situación de Venezuela? Tras un nuevo triunfo de Maduro, las cosas parece que no van a cambiar al menos por la vía democrática.
El bloque de gobiernos de extrema derecha, que se reúne en el Grupo de Lima, es el destacamento avanzado del intervencionismo de los Estados Unidos y se subordina directamente al mando de Washington. Su tarea actual es la de promover por vía golpista el llamado “cambio de régimen” en Venezuela.
VCF- Por último, en Argentina se ha avanzado mucho en "políticas de seguridad" que han derivado en represiones a sectores populares, ajustes, pérdidas de derechos, entre otras. ¿Se direcciona Brasil hacia lo mismo con la presidencia de Bolsonaro?
Sí, la prioridad del gobierno de Bolsonaro es aplastar a la izquierda y para eso será necesario utilizar la represión bajo distintas formas, lo que incluye la utilización de mecanismos jurídicos al lado de la violencia pura, practicada tanto por el aparato jurídico y policial regular como por milicias urbanas y rurales. Desde la elección de Bolsonaro se ha intensificado la violencia en el campo, con el asesinato de líderes campesinos e indígenas; así como los casos, cada vez más frecuentes, de invasión a territorios indígenas. Bolsonaro prometió la eliminación de los “rojos” de la escena pública brasilera y hará todo para volver realidad esas palabras.