Columnistas // 2021-04-12
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Educación y liderazgo para el diálogo "intercultural" y "diverso"
El Dr. Víctor Díaz Estévez nos propone un desafío para analizar la educación en la actualidad y sus desafíos de cara al futuro.


Educación y liderazgo para el diálogo “intercultural” y “diverso” ¿para qué la apología tecnológica? ¿Incertidumbre o desafío?

¿La educación en América Latina es uniforme y homogénea? Sí, desde los programas oficiales ministeriales. No, porque tiene diversidad. Las cifras de comunidades indígenas y afrodescendientes en todo el continente latinoamericano demuestran que aún habitan y resisten al sistema capitalista denominado occidental. El liderazgo para el diálogo intercultural queda escueto debido a la ausencia de comunicación fluida entre el mundo occidental y el ancestral. Los gobiernos, con sus determinaciones imponen sus lógicas unidireccionales y utilizan la incertidumbre que genera esta pandemia como excusa para impedir que ese diálogo fluya y avance. La apología tecnológica funciona como argumento hegemónico, así como la predicación del famoso “trabajo colaborativo”, caballito de batalla de la actual educación en liderazgo, así como lo era años atrás el liderazgo distribuido. 

En la actualidad asistimos a una realidad tangible, y desde hace muchos años al fenómeno migratorio. Vivimos la incertidumbre que genera esta pandemia cuyo origen desconocemos. Está de más decir –y redunda frente al cúmulo prolífico de información que nos abruma cuando afloran en los medios nuevos expertos en COVID-19 o “pandemiólogos”–, que todos los días se declaran soluciones creativas para salir de la pandemia, planifican con rigor, transmiten acciones a realizar y con el transcurso de los días, el escenario muta y nuevamente, se debe improvisar. 

Tal es el caso en Chile, del denominado sistema “híbrido” (clases virtuales y presenciales), que iniciaría en 2021, y a su vez, fue planificado durante todo el segundo semestre del pasado año, en el marco de una estrategia de gobierno: “vuelta paso a paso”. Las clases se iniciaron en marzo, y en menos de dos semanas, todo el sistema educacional se transformó en virtual. En pocas palabras, lo “híbrido” se tornó “puro”. Y es a partir de este argumento que la tecnología se convierte en la única y apoteósica panacea universal.  A la tecné, que desde sus orígenes se reconoció como “medio para”, ahora se le concibe –desde los máximos jerarcas de la educación en Chile–, como la diosa que logra un fin en sí misma, siendo que (según lo indican estudios recientes), en temas de liderazgo escolar, el trabajo colaborativo es la solución a todos los males en la escuela. 

¿Y qué ocurre con la educación intercultural? Los indígenas en América aún coexisten y sueñan sus vidas sustentables, pero la convivencia no ha sido fácil. Según el censo más reciente de cada país, habitan un 44% en Guatemala, 28% en México, 26% en Perú, 25% en Ecuador, 5% en Chile, 4% en Colombia, 2,4 en Argentina, 1,7 en Paraguay, y 0,4 en Brasil. Unicef creó un Atlas de pueblos originarios con información de 21 países, desde el Sur al Norte, desde la Patagonia hasta México y allí reconoce 522 pueblos indígenas, con 420 lenguas que aún hoy se usan (*). Sin embargo, no sabemos a ciencia cierta qué nos depara el futuro inmediato y cuáles son los desafíos verdaderamente esenciales para que nuestros niños y niñas se desarrollen como seres humanos en plenitud. 

En Chile actualmente hay al menos 10 pueblos originarios reconocidos oficialmente. Según el censo del año 2017 son 2.185.792 las personas que declararon saberse indígenas. Esto representa el 12,8 % de la población. Se reconoce ampliamente como el más numeroso grupo a la población Mapuche que habita la región de La Araucanía. No obstante, en la actualidad están distribuidos por todo el territorio desde Arica a Punta Arenas, muchos en la Región Metropolitana de Santiago. En segundo lugar están los Aymara, luego, Diaguita, Atacameño, Quechua, Rapanui en Isla de Pascua; Kolla, Kawésqar, Chango y Yagán, en la región del Sur (**).

Frente a la diversidad cultural que enriquece al continente y a nuestros países multilingües y pluriculturales, algunos de ellos, la educación, más que nunca, posee un desafío en sus manos que trasciende el fantasma de la pandemia y de las tecnologías que están de moda. A saber: la necesidad imperiosa de un diálogo comprometido con las culturas originarias, cuya riqueza progresivamente se va atenuando con la implacable máquina del desarrollismo de la modernización. Proliferan, en educación, los “webinar” en todos los frentes. Muchos de ellos, líderes escolares, inician su discurso: “Mari Mari Kom pu che”. Saludo protocolar mapuche, cuyo sentido se pierde, al momento de continuar el parlamento, porque ni siquiera atesoran el significado profundo que encubre tal saludo y su riqueza cultural, dado que las palabras que le siguen, grafican claramente soluciones o ideas relativas al mundo occidental, lejano de la cultura ancestral y sus compontes característicos.  

Johannes Partanen (2013), fundador de Team Academy de Finlandia, preguntó: “¿quién lidera cuando tú no estás…?”. Otorgándole todo el crédito a la misión, visión y valores que movilizan el talento de las personas". A lo que se deberían sumar otras preguntas como: ¿Pero a qué valores nos referimos? ¿A quiénes benefician estas políticas? ¿Es posible trasladar estos modelos del Norte a nuestros países latinoamericanos? 

Conglomerados de universidades se crean conformando centros de liderazgo escolar, fundaciones como América Solidaria, Educación 2020 y UNICEF se unen en busca de soluciones para la pandemia, mientras aún permanecen aislados y excluidos miles de niños indígenas y no indígenas, de las comunidades rurales más apartadas donde no llega la conexión a Internet. Aún siguen siendo más privilegiadas las grandes metrópolis, y el sistema oficial de educación, continúa siendo el aparato regularizador de todo, creyendo que la educación está bajo control, pero la incertidumbre nos ha jugado una mala pasada y nos conduce a niveles en los que años atrás jamás imaginaríamos estar viviendo esta crisis sanitaria global. 

Fuentes: 
(*) https://www.unicef.es/
(**) Censo en Chile, 2017.
 


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