Mendoza // 2020-12-18
_
#NiUnaMenos
No estamos todas, falta Florencia Romano

Foto: UN News

“Hoy me levanto, otro día siendo mujer. Desayuno con otra muerta más, por la tevé” dice una canción de 2018. Cuántas veces empezamos la mañana con la foto de una piba sonriente, y en la próxima diapositiva, un asesino, el suyo.

Ir a trabajar, a la facu o al colegio escuchando en la radio que ella era acosada por su expareja e hizo más de diez denuncias, y ninguno de sus pedidos de ayuda fueron atendidos. Que tenía los brazos llenos de moretones y le faltaban dos dientes, y le sigue a esto las estadísticas que se repiten al aire de forma fría y sistemática en todas las estaciones de radio y canales de televisión, por los mismos periodistas mediocres y machistas que están hace años en el aire, con el pelo engominado y el traje limpio.

El caso de Florencia Romano es el primer policial que me tocó cubrir. Vemos a diario casos con la misma sucesión de hechos, hasta en las series forenses y en las películas de acción, pero en esta última siempre gana el bien al final, con sangre y golpes, siempre hay justicia.

 Yo quería eso para Florencia, quería otro final para este caso, esperaba que hubiera llegado a la casa de una amiga, o se hubiese escapado a otro lugar lejos porque quería ser libre de sus padres y empezar una nueva vida, como en los libros que leemos a los trece años y nos dan la sensación de que el mundo es muy pequeño, a pesar de tener 510.1 millones de kilómetros cuadrados de superficie. Quería eso para Florencia, y mucho más. Quería vida, mucha y muy larga, para ella y para las 290 mujeres, cis, travestis y trans que no van a estar en la mesa familiar en esta navidad.

Pero no fue así, ayer tuve que sentarme en la mesa de la cocina, con el pelo y los ojos mojados, para escuchar a un fiscal confirmar que el cuerpo que habían encontrado horas antes era Florencia, de catorce años.

 Pensé en su familia, en su hermano, que un día antes me dijo que esperaba que la llevaran a casa sana y salva, o al menos noticias de ella, porque la policía no movió un dedo hasta que un corte de calle, como un grito ciego de ayuda, los sacó del frío sopor que los caracteriza. A la policía no le duele la pérdida hasta que es un compañero, porque ven dolor a diario, pero no les toca. Porque les molesta el “muerte a la yuta”, pero no les afecta que hoy la cama de Florencia está fría.

El hombre acusado de asesinarla tiene 33 años y se llama Pablo Ramón Arancibia, y tenía dos causas previas, una por privar a una expareja de su libertad y otra por amenazar a otra mujer con matar a toda su familia, amén de los numerosos casos de grooming de su parte hacia niñas, porque eso son, nenas. Tres causas, cero condenas. Ecos de María Soledad Morales resuenan en mi cabeza, o la violación en manada de una nena de quince años en su cumpleaños por parte de cinco hombres, un grupo de sádicos que seguramente saldrán impunes, o el fiscal Fernando Rivarola, con su aterrador concepto del “desahogo sexual” en un juicio abreviado contra cinco agresores sexuales.

Una mujer es asesinada dos veces. La primera por su agresor, la segunda por la justicia, dictada por varones con escasa perspectiva de género, y a veces incluso una tercera vez, cuando el asesino es liberado.

Me muerdo las uñas, pero generalmente las dejo crecer un poco, para que, si alguien me ataca, yo pueda rasguñarlo y dejar rastro de mi agresor. En las discusiones entre amigas, sale la pregunta “Si te secuestraran, ¿Preferirías que te maten o que te metan en la trata?” y la respuesta es clara: que me maten.

Se habla de una relación “Sugar daddy” entre la nena y Arancibia. Florencia era muy joven para entender el concepto que plantea tal relación, muy chica para consentir semejante vínculo. Florencia tenía catorce años, era una nena. Lo que buscaba Pablo Arancibia no era una relación, era aprovecharse de una menor. Pablo Arancibia no es un “sugar daddy”, es un pedófilo.  

“Me voy de mi casa, quién sabe si podré volver” sigue la melodía. Cerrar la puerta y pisar la vereda es un acto de valentía, y no debería serlo. Este 24 faltará una silla en la mesa de los Romano, este 31 un abrazo va a quedar colgado. El año que viene, va a haber una ventana menos en el Zoom de una clase.

Hoy faltan Florencia Romano y 290 mujeres. Hoy marchamos, como siempre, como nunca.


/ En la misma sección
/ Mendoza
#ModoVerano llega a los Museos
/ Mendoza
Fuerte tormenta granicera en el sur dejó graves daños en cultivos
/ Mendoza
Vendimia 2021 / Se acerca el casting de músicos