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La contienda política está tomando ribetes que no debieran pasar inadvertidos por la sociedad en su conjunto. Las sanas diferencias ideológicas, políticas y sobre qué hacer con la economía son algo saludable para cualquier país que desea vivir en democracia.
Sin embargo, hace algunas semanas que se perciben algunas cuestiones que ya rozan la intolerancia –o dan de lleno con ella-, el negacionismo y la reivindicación de dictaduras de antaño. “Los dinosaurios van a desaparecer”, decía Charly García allá por 1983. En ese entonces, Argentina había alcanzado un consenso social y un acuerdo general sobre el “Nunca Más”.
Reclaman “libertad de prensa” y agreden a periodistas; se quejan de “la dictadura” que tiene lugar con la pandemia y aparecen reivindicando a las verdaderas dictaduras que tuvieron lugar en el país. Y, en eso, parecen no encontrar contradicciones.
Durante las manifestaciones contra el gobierno aparecen estos personajes “nostálgicos” de aquellos oscuros tiempos donde nuestro país no tenía democracia, había desaparecidos, robos de bebés y sistemáticas violaciones de los Derechos Humanos.
En su libro Kamikazes, el periodista y escritor Reynaldo Sietecase realiza un planteo sobre “los fachos de la red” y pregunta “¿son gente común que va al trabajo, hace el amor, ayuda a sus hijos con las tareas escolares y antes de acostarse dedican unos minutos a Internet? (…) ¿o se trata de ciudadanos honestos que pagan sus impuestos y escriben comentarios en las páginas virtuales de los medios como su mejor manera de participar en política? (…) ¿Por qué, si nosotros tenemos tantas dudas, ellos solo exhiben certezas? Son los fachos de la red, los titanes de internet, los justicieros. (…) Cuando se enojan –y todo el tiempo se enojan- son incansables, hirientes, jodidos”.
Todo esto encuentra un correlato mediático que no condena estas situaciones e incluso las replica una y otra vez. Este fin de semana se pudo acceder, en uno de los diarios más leídos del país, a una columna que analizaba a una de las dictaduras y la nombraba por el mote que ellos mismos eligieron. Sin comillas, sin decir “la dictadura autodenominada” o llamarla de otra manera, eligieron ese nombre.
En las redes hubo repudio de cierta parte de la sociedad. La autoproclamada “Revolución Libertadora” bombardeó la Plaza de Mayo. Más de 300 civiles cayeron ante este movimiento militar que venía a instaurar un orden contrario a lo que la democracia argentina había elegido como destino del país. Cuando las urnas no les respondían, elegían las Fuerzas Armadas.
La connotación de dichos hechos encontró coincidencia en un sector que fogoneaba el odio a “los cabecitas negras” y que celebraba con cinismo la muerte de Eva. De las pintadas de “Viva el Cáncer” al bombardeo de la plaza hay un lapso breve de tiempo y una fuerte ligazón ideológica.
El antiperonismo ha mostrado una y otra vez su peor cara, la cara antidemocrática, autoritaria y celebradora de la muerte. No es casual la aparición de estas camisetas reivindicatorias de las dictaduras. En Mendoza, el ex ministro de seguridad Gianni Venier utilizó sus redes para agitar la “Teoría de los dos demonios”.
El Dr. en Ciencias Políticas Enzo Completa se expresó en sus redes sociales al respecto de la aparición del hombre con una camiseta que reivindicaba a la última dictadura cívico-militar. “Países como Alemania, Francia, Suiza, Austria, Bélgica, España o Israel, Liechtenstein y Letonia cuentan con leyes contra el negacionismo, la apología o minimización de crímenes de lesa humanidad, con penas que van de 5 a 10 años de cárcel. ¿Para cuándo en Argentina?”, señaló.
Las marchas contra el gobierno, cuando no tienen un hecho en particular al que aferrarse –Vicentín, Reforma Judicial, por ejemplo- tienden a ser más débiles en cuanto a número de asistentes. Sin embargo, en ellas se puede ver lo más reaccionario del sector que está en contra del gobierno.
Se dicen liberales, pero lo son solo en términos económicos. A nivel político, se pueden caracterizar más como personas de tinte conservador. La religión, como en la década del ’50 o en el reciente golpe que tuvo lugar en Bolivia, también comienza a aparecer como un actor.
¿Hasta dónde se puede tolerar a los intolerantes? Esta semana asistimos a varias de estas expresiones que ya se tornan peligrosas, este sector político debe ser evidenciado y expuesto. Dictadura ¡Nunca Más! Ruptura del estado de derecho ¡Nunca Más!
Por otro lado, cuando estas expresiones de odio vienen fogoneadas por sectores políticos activos y que ocupan lugar en el Estado, también es algo preocupante. Tal es el caso de la diputada provincial Hebe Casado. Jugando el papel de la “políticamente incorrecta”, una especie de Lilita Carrió local, la legisladora realiza comentarios irónicos ante la despedida que Federico Pinedo realizaba sobre Mario Cafiero.
A un paso del “Viva el cáncer”, enfermedad que padeció Cafiero y que lo tuvo a maltraer durante el último tiempo. Desde una banca de la Legislatura, Casado infiere que la única “actividad patriótica” es la que se cumple desde el sector privado. Llama particularmente la atención cómo esta legisladora denuesta la función pública, de la que vive actualmente.
El odio al otro como bandera, el negacionismo, la teoría de los dos demonios o la reivindicación directa y expresa de los genocidas signan a una parte de la oposición. Se trata de una parte, sin dudas, marginal; no obstante, digna de recibir atención por parte de un país que no quiere retornar a los tiempos más oscuros de irrupción democrática.