Mendoza // 2020-06-24
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Los emprendimientos familiares de pastas: una forma de trabajar en la cuarentena
¿Llegaron para quedarse? Durante la cuarentena afloraron algunos proyectos culinarios como respuestas familiares ante la falta de trabajo. Te contamos algunas historias de emprendedores locales que apuntaron a este tipo de propuestas.

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La pandemia de coronavirus y la cuarentena nos envió a la mayoría de los argentinos y argentinas a nuestras casas durante varias semanas. En algunas provincias con una mayor incidencia que en otras, la cuarentena impidió el normal desarrollo de las actividades.

Por tales motivos, muchos de nosotros nos volcamos a actividades culinarias: los tiempos son otros, las posibilidades también y, entonces, comenzamos a preparar comidas caseras y alimentarnos de otra manera.

Con la flexibilización de la cuarentena, la gran mayoría de los mendocinos y mendocinas han retornado a sus actividades. Con los respectivos protocolos sanitarios, las distintas actividades han ido retornando y la gente ha vuelto a sus rutinas habituales.

Sin embargo, para muchos la idea de alimentarse un poco mejor quedó entre las cuestiones pendientes para la vuelta a la normalidad. Por otro lado, algunos encontraron en esta crisis una nueva oportunidad de trabajo.

Tal como fueron los “parripollos” durante la crisis de 2001, la cuarentena trajo consigo decenas de proyectos familiares que preparaban comidas caseras y hacían envíos a domicilio. De esta manera, quienes no se dan maña o “no tienen mano para la cocina”, podrían comer comidas caseras también.

En diálogo con Babel, distintos actores de esta escena gastronómica nueva han analizado este escenario que planteó la pandemia del coronavirus. Distintas historias de vida sobre la forma en que se ha afrontado este momento histórico.

Miguel, pastelero artesanal

El caso de Miguel fue a la inversa de otros, graduado de una carrera gastronómica, se dedica a realizar comida para eventos desde hace más de 6 años. La cuarentena significó un corte total de sus actividades. 

Según cuenta Miguel, “en el día a día tengo una panadería artesanal. Eso me ayudó a sobrellevar la cuarentena. Lo otro se cortó”.  En ese contexto, analizó que también se afectó la producción de la panadería, “la gente al estar en sus casas haciendo cosas ricas, baja nuestra producción”. 

Según apunta Miguel, “la gente va a cambiar sus costumbres por lo menos por un tiempo”. En ese marco, considera que los eventos no se podrán hacer durante un tiempo y además “le queda un poco de miedo con todo esto que pasa”.

Emiliano, el agrimensor que amasaba en la cuarentena

La experiencia de Emiliano y Agostina difiere a la de Miguel en cuanto ellos no se dedican a la fabricación alimenticia. Emiliano es agrimensor y su pareja, kinesióloga. La cuarentena afectó al 100% las actividades de ambos. “Se cerraron todas las instituciones y reparticiones públicas en las cuales se tramitaban todo tipo de expedientes y labores profesionales que afectaban a mi profesión”, cuenta.

La paralización de sus actividades significó una paralización de sus ingresos también. Con cuentas, gastos fijos, alimentación y alquiler por afrontar, tuvieron que buscar alternativas. Las pastas fueron una salida. 

“Después de unos 10 días sin tener ninguna novedad respecto al trabajo de cada uno, ni mío ni de mi pareja, decidimos producir pastas. La cuarentena nos ha llevado a cocinar mucho más en casa. Fuimos probando distintas variedades de pastas y dijimos ¿por qué no venderlas?”, relata Emiliano.

En ese marco, Emiliano y Agostina fueron probando sabores, cambiando masas, “averiguamos costos, conseguimos algunos mayoristas y pudimos encarar la producción y la comercialización que nos dejaba un buen margen. Pero tenía una demanda de trabajo mucho mayor a lo que nosotros estamos acostumbrados”, cuenta.

Durante un mes y medio, ambos produjeron pastas. Ninguno estudió gastronomía, pero por tradición familiar, ambos cocinaban seguido. Durante ese periodo, hicieron una clientela entre amigos, conocidos y amigos de amigos, que les ayudó a sobrellevar los gastos.

“Me sirvió para matar todo tipo de gastos y salir adelante en la cuarentena, ambos somos monotributistas, categorías C y D, entonces no recibíamos ningún beneficio ni ayuda. Teníamos cero ingresos y teníamos que seguir pagando todos los gastos, alquileres, comida, gastos fijos”, relató. 

Las pastas les ayudaron a salir adelante, sin embargo, con la flexibilización, ambos volvieron a sus actividades. “Ganábamos el sueldo de lo que ganaba uno, trabajando ambos. Pero fue suficiente para afrontar esos gastos”, contó Emiliano.

Finalmente aseguró que “hace un mes que hemos vuelto trabajar en lo nuestro. Desde ahí no hemos considerado volver a fabricar pastas, pero nunca está de más tenerlo como segunda opción”. 

Juan Diego, de repatriado al proyecto de “Cinque Fratelli”

El caso de Juan Diego implica toda una historia y tradición familiar, de ascendencia italiana estaba residiendo en Europa. Con la cuarentena en el viejo continente, su situación laboral se complicó y emprendió el retorno.

Si bien se encontraba en condiciones de “legalidad” por poseer pasaporte italiano, sus trabajos como camarero y en una tienda de ropa de España, concluyeron con la llegada del covid-19. El 18 de marzo emprendió el retorno al país y tuvo que estar aislado.

Una vez que se terminó el aislamiento preventivo, Juan Diego no contaba con trabajo en Argentina. “Se me ocurrió hacer pastas porque pensaba en el servicio de llevar algo a casa, como eso fue un boom en la cuarentena y la gente cada vez pedía más, es algo que siempre tuve presente”, asegura.

Antes de irse a España, se dedicaba al reparto de fiambres y productos alimenticios. Al retornar se planteó la posibilidad de volver a lo mismo, “`pero como me gusta cocinar y en mi familia siempre nos ha gustado la comida casera, me motivaba eso”, relata. 

En ese contexto, cuenta que “estuve un tiempo haciendo masas y rellenos para por fin tener la valentía de largarme y hacer un producto que le guste a la gente”. Además, cuenta que “se da mano” por tradición familiar, “en mi familia toda la vida hemos tenido mucho amor por la comida casera”.

Su microemprendimiento es unipersonal. “Trabajo solo, pero tengo gran ayuda de mis hermanos que me dan una mano cuando la necesito”, explica el menor de cinco hermanos. “Cinque Fratelli” es un homenaje a sus hermanos y su ascendencia italiana.

En redes sociales hay quienes lo han calificado como “un artista”. Con la llegada de una “nueva normalidad”, Juan Diego plantea esto como una posible salida laboral. “Estaría bueno que me vaya cada vez mejor así puedo seguir con este emprendimiento. Lo empecé por gusto y antes no había pensado en dedicarme a esto”, explica. 

Sin embargo, este fabricante de pastas asegura que “si va bien todo, es algo que me motiva para seguir creciendo y dedicarme cada vez más a las pastas frescas”.

Las Marías, comida casera de tradición familiar

María Laura se dedicaba a la venta de sistemas de software para hoteles, esos mediante los cuales se realizan los registros de los visitantes. Su pareja, Kevin, es técnico superior en turismo y trabaja con turistas que arriban a Mendoza para conocer bodegas y viñedos. Ambos vieron totalmente paralizadas sus actividades y aún no han retornado a la normalidad.

Las hermanas de Laura son estudiantes y si bien sus actividades cambiaron menos, decidieron emprender juntos este camino de la fabricación alimenticia. Una de ellas fabrica cosas dulces y el resto está abocado a las pastas.

Según cuenta Kevin, este tipo de pastas que fabrican, son las mismas que hacían en la casa de la familia de Laura. “En lo cotidiano, trabajamos los días de semana. Las hermanas de ella estudian y colaboran cuando puedan. Producimos y entregamos jueves, viernes, sábado y domingo”, explica el entrevistado.

“Como no hemos podido volver a trabajar, estamos en la casa y nos dedicamos a hacer estas cosas. No es una solución económica, pero nos ayuda a sumar”, relata Kevin. En cuanto a la clientela, asegura que los que lo probaron han mantenido una fidelidad. “Hay varios que han pedido todos los fines de semana”, cuenta. 

En tanto, aseguran que “cuando se termine esto tenemos la idea de invertir y hacerlo más profesional. Pero la idea es hacerlo sin perder lo casero que es lo que a la gente le gusta”. En ese sentido, Kevin señala que “el delivery está visto como más para comida rápidas y no tanto para comida casera. Estos productos solo tenés que cocinarlos y podés comer algo fresco, que te llega a domicilio. Entonces, creo que tiene potencial para cuando termine todo esto”.

El tiempo dirá si estos emprendimientos gastronómicos llegaron para quedarse y si, efectivamente, como decía Miguel al principio de la nota, reconsideramos la forma en que nos alimentamos y apuntamos a darnos un poco de tiempo para comer más rico y sano.

Por lo pronto, les recomendamos probar estas pastas, apoyar a estos microemprendimientos de gente que no se quedó de brazos cruzados y salió a “ganarse el mango”. Después, cada uno podrá ver por qué los clientes han mantenido fidelidad con sus fabricantes. ¡Bon apetit!


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