Argentina // 2020-06-04
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¿Qué hacer con la Cultura en Mendoza?


Muchos amigos y artistas me preguntan cómo vamos a salir de esta profunda crisis generada por la pandemia y que ha debilitado a casi todas las expresiones artísticas de la Provincia. Creo que no hay una respuesta única a esta pregunta

 La Cultura es un campo muy heterogéneo, complejo y cambiante. Si partimos de la concepción amplia de cultura la complejidad se agranda pues todo es cultura, desde la economía a la manera de comer o de lavarse los dientes. 

En sentido acotado, en lo que al funcionamiento del Estado y su área cultural se refiere, vamos a hablar de los tres complejos centrales de Industrias Culturales: el audiovisual, el editorial y el sonoro.  También de las Artes Escénicas: Teatro, Danza y Música. Sumamos a las Artes Visuales y la Literatura. También a las Artesanías y el Folklore y por último a  la Gestión e Intervención en el Patrimonio Tangible e Intangible. ver: https://mendozaopina.com/opinion/mendoza-necesita-un-censo-cultural-por-leon-repetur/ 

A pesar de simplificar el campo, la sola enunciación de sus partes ya es abrumadora. Y por ello, ya se ha convertido en un área gubernamental que requiere enorme capacitación y  experiencia. 

¿De dónde venimos?

En lo Cultural, lo podemos caracterizar de  Tierra Arrasada. Venimos de 4 años de gobierno de Cornejo, dónde la política cultural estuvo manejada por operadores políticos, enfocados en la utilización emblemática de la cultura para el diseño de un plan político centrado en el clientelismo artístico y en el narcisismo de los funcionarios. Este narcisismo se vio  expresado en las numerosas fotografías en remeras alusivas en la Feria del Libro de la Habana,  en los cursos de Medellín o en absurdos montajes de entrega de libros en el km 0.  Sin diagnóstico, sin Plan Estratégico, con una dinámica “ocurrencial”, hicieron lo que se les ocurría, lo que les gustaba o les redituaba frente a los medios de comunicación o el poder político que los mantenía en sus cargos y en sus viajes. 

Nunca supimos que querían hacer con la Danza, con la Industria Audiovisual, con la Editorial, con la Musical  o con el Teatro o las Artes Visuales. Del Patrimonio mejor no hablamos. Jamás expresaron que metas perseguían para poder  monitorearlos y seguir sus cumplimientos, como la democracia requiere. 

Todo se resolvía caprichosamente según los intereses de las campañas electorales, implementando acciones de visualización mediática y de distribución de fondos entre los elegidos y seguidores. 

Muchas propuestas del sector privado y asociativo, que tenían ya fecha  ganada en las agendas anuales fueron entrando en coma y desaparecieron. Otras languidecieron en la desfinanciación y se transformaron en sombras de lo que fueron. Se perdieron puestos de trabajo y se mercantilizó el uso de los espacios estatales, reduciéndose el impacto de una política de subvención del Estado a este sector en proceso de consolidación y crecimiento. 

Los espacios de consenso desaparecieron;  las Asociaciones representativas del Sector, los Sindicatos ligados al  quehacer cultural y los colectivos artísticos sin institucionalización, nunca fueron invitados al necesario debate  sobre el camino a transitar entre todos. 

Y así se fueron del Estado, sin haber podido desarrollar una alianza estrecha entre el sector artístico, las industrias culturales y el Estado para potenciar la Mendoza Cultural diversa, plural y creativa. 

¿Dónde estamos hoy?

La nueva gestión de Suárez renovó la institucionalidad, recuperando el Ministerio, esta vez con el enroque de Cultura primero y Turismo después. Y la direccionalidad era discontinuar el  uso emblemático de la cultura por el poder político y pasar a una instancia de diálogo en racimo con todos los sectores, para ir construyendo una nueva dinámica centrada en el consenso con el sector artístico y  las industrias culturales. Se dieron inicialmente algunas señales en este sentido, hasta que la pandemia eclosionó y con ella el Ministerio en su conjunto. 

Todo se desactivó de la noche a la mañana, desapareció, por  la emergencia y el brutal endeudamiento que  dejó Cornejo, el presupuesto del Ministerio. Y con la desaparición de los recursos financieros, desaparecieron las políticas y los consensos. A pesar de los distintos llamados y sugerencias para diseñar un Plan de Emergencia Cultural nunca se logró trabajar en ese sentido. (http://www.cuerdascreativas.com/mendoza-necesita-un-plan-de-emergencia-cultural/ )

Las acciones se circunscribieron a algunas reuniones con sectores específicos de la cultura, para tratar el tema del pago de Vendimia o la entrega de algunos  bolsones y la cesión de unos pocos contratos para la plataforma digital de Cultura de la Provincia. Y en los últimos días apareció la raquítica propuesta de 160 contratos de $8000 cada uno y la implementación de algunos créditos, que la mayoría del sector artístico y cultural está vedado de participar por la incertidumbre y las deudas acumuladas.  

Pero un Plan para salvaguardar los espacios culturales asociativos y privados, o para generar certidumbre en los artistas  o para sostener los proyectos que hacen a la agenda anual de Cultura de la Provincia, nada de nada. 

Lamentablemente la falta de reacción es producto del desconocimiento de la Gestión Cultural Publica que tiene esta administración. Venimos de una gestión que usó la cultura para sus fines partidarios y llegamos a esta gestión, por lo menos en esta etapa, que no tiene capacidad ni conocimientos para enfrentar, en forma colectiva y mancomunada, la crisis que nos toca vivir. Si la gestión anterior era narcisista por exhibición, esta gestión es narcisista por ensimismamiento. No convoca, no consulta, no coordina, no investiga, no censa, no planifica, no seduce, no se posiciona.   Es la nada misma, frente a la envergadura de la crisis. 

¿Qué hacer?

Es muy difícil decirlo con precisión. Pero hay algunas cosas que podemos dar por seguro.  El presupuesto de cultura desapareció, si no todo, su mayor parte. Esto implica que el estado provincial, poco va a poder hacer por el sector artístico y la cultura en general. Ya estamos escuchando que el Gobernador dice que dependemos de Nación para pagar los aguinaldos y que le economía de Mendoza está en quiebra y super endeudada por la gestión Cornejo.

El equipo de cultura, al margen de la opinión que tengamos de ellos como personas,  no está formado ni capacitado para el enorme desafío que tienen por delante. Podrán hacer algunos eventos más o menos exitosos, o distribuir un poco más democráticamente los pocos fondos que les aflojen  del poder central o sentarse a conversar con menos soberbia que los anteriores funcionarios de cultura. Pero lo que sí se presume,  es que no podrán políticamente, generar un cambio en la mirada de sus superiores en relación a la cultura. Simplemente porque ni ellos están convencidos de la emergencia cultural de Mendoza y de los posibles caminos para salir de ella. 

¿Entonces qué?  Entonces queda seguir consolidando la idea que la pandemia desnudó: la “uberizacion” de la actividad. Y que el Estado viene siendo financiado por los artistas y las industrias culturales y no al revés.  Ante cada actividad, somos los integrantes del sector los que tenemos que poner todo: la idea, la comunicación, los gastos en insumos, la creatividad, la relación  con la Nación y otros entes patrocinadores, la sponsorización, la actualización en la formación, la renovación de nuestros equipos e instrumentos y encima permitirle al Estado la colocación de sus logos y el cobro del bordereaux por el uso de los espacios de todos. Y además vender en sus campañas de marketing político,  la excelencia cultural de la provincia. 

Si tomamos conciencia de ello, el camino más sensato es  potenciar nuestras organizaciones.  Sumar nuestras creatividades  e inteligencia comunitaria. Operar más y mejor con el Poder Legislativo para que actualice las normas que regulan nuestra actividad. Necesitamos leyes que nos den más poder de decisión. Que nos otorguen recursos genuinos que deriven de nuestra actividad y de otras, como los  juegos de azar. O que se imponga un  canon a los artistas y productoras que vienen de afuera.  Y en los Municipios la  exención de tasas municipales y la regulación específica de nuestros  espacios culturales como tales y no como Cabarets o Salones de Baile. Tenemos que pasar en la relación con el Estado a las contrataciones en blanco y no por Monotributo  y a los Convenios de Coproducción con aportes en efectivo por parte del estado. Son algunas de las tareas que nos toca llevar adelante, si queremos salir de a poco de este atolladero al que nos llevó  el neoliberalismo que nos impusieron, tras la estafa electoral del 2015.

Una férrea unidad del sector cultural y creativo, puede liberar la potencial energía del sector, que conformado por fuerzas juveniles innovadoras, despunta con fuerza en Mendoza, como ariete de una transformación de su matriz productiva anquilosada y  envejecida.

En este camino el Gobierno Cultural puede acompañar o ignorar. Ojala recapacite y acompañe, haciendo lo que los mendocinos venimos reclamando hace años: conformar una Mesa de Trabajo conjunto con todos los sectores creativos para diseñar un Plan Estratégico que nos represente a todos. Que nos una y enfoque tras las mismas metas.  


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