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La noticia golpea y duele, la sección “policiales” de los diarios señala que un grupo de jóvenes atacó y mató a otro a la salida de un boliche en Villa Gesell. Eran 11 contra 1, no es la primera vez que se ven este tipo de ataques en manada. Tampoco es la primera vez que un grupo de rugbiers protagoniza este tipo de hechos de violencia.
Las redes sociales han sido núcleo de fuertes cruces respecto a la situación, y distintos sectores de nuestra sociedad evalúan la misma de diferente forma. Inmediatamente, quienes sostienen que el problema no se encuentra en la práctica de este deporte ni en su arraigo cultural sostenido en clubes cuya mayoría de jugadores provienen de clases medias altas y altas, aseguran que “el fútbol tiene más muertos”.
Por otro lado, hay quienes señalan que “saben que son nenes bien y se sienten impunes”. Y advierten que el accionar discriminatorio, violento y machista es más una cuestión de clase que propiamente de la práctica deportiva.
En ese sentido, no hay que soslayar que el fútbol, tal vez tema de análisis para otra nota, efectivamente “tiene muchos más muertos” como señalan en muchas ocasiones. Este fenómeno, relacionado con otras problemáticas, ha llevado a que, por ejemplo, no concurran hinchadas visitantes en gran cantidad de partidos o que los partidos a dos públicos se den en un marco de enormes operativos de seguridad.
Sin embargo, particularmente en el Rugby, se destaca la cantidad de hechos relacionados con quienes lo practican. No son sus hinchadas, ni sus dirigencias (aunque también son parte), sino, directamente, son sus jugadores. Durante 2018 y 2019 pudimos asistir a situaciones donde grupos de rugbiers eran acusados de violar grupalmente a mujeres, una división entera de un club acusada de difundir fotos íntimas de chicas y, una y otra vez, de titulares vinculados a golpizas en manada contra gente que no es “del palo”.
La licenciada en Psicología y técnica en Psicología Social, Luciana Molina, dialogó con y analizó cómo se presenta este fenómeno que mezcla violencia, masculinidades y pertenencia a grupos en un combo explosivo.
Los valores del rugby
Una de las primeras respuestas que se obtiene si se señala que este fenómeno de violencia es que “el rugby es un deporte de valores, jugado por caballeros”. Se trata de un deporte donde se fomenta la unidad de grupo, el respeto por el rival y los árbitros. Una de sus tradiciones es el “tercer tiempo”, donde los planteles locales reciben a los visitantes en una instancia de camaradería.
Sin embargo, como contrapartida, analiza la Lic. Molina, “en la situación de grupalidad, los sujetos al ser parte de un grupo sentimos el ser un todo con el mundo”. Entonces, “existe solamente ese grupo de pertenencia y el resto se presenta como lo ajeno o lo extraño”.
Este sentimiento de unidad hace que se actúe de la misma manera que el grupo lo hace, sin importar hacia donde se va, por el mero fin de pertenecer. “Para sostener esta cohesión grupal e imagen idealizada del grupo, respondan a ciertas dinámicas y reglas propias del grupo”, señala la especialista.
Masculinidad y violencia
Las noticias reveladas sobre el ámbito de los adolescentes y jóvenes adultos del mundo del rugby son, en nuestro país, un fenómeno que cuenta con diferentes aristas: aunque no se da en todos los clubes de la misma manera, en gran parte de ellos se conforman planteles con jóvenes de familias de clase media alta y alta, existe una dinámica donde la violencia es parte de lo cotidiano y muchos de sus protagonistas señalan la brutalidad de algunos ritos de iniciación, entre otros; las redes sociales han puesto en evidencia diferentes casos: ataques a personas en situación de calle, violaciones en manada, difusión de imágenes íntimas de mujeres, peleas y golpizas grupales.
Según el análisis de la psicóloga entrevistada, la dinámica del grupo determina el comportamiento, se pierde la individualidad en esa “hermandad”. Así, “si uno se pone violento, acosa a una piba, agrede a alguien. El resto va a tratar de seguir esta conducta para sostener la cohesión grupal porque son un todo y funcionan así”, señala Luciana Molina.
Si es un accionar de grupos ¿por qué no vemos jugadores de hockey o básquet golpeando salvajemente a otra persona hasta dejarla inconsciente? A entender de la especialista, “en los equipos de rugby, además, está legitimado el uso de la violencia, es parte de su práctica deportiva. De hecho, es un deporte donde te haces daño corporalmente y está legitimado”.
En ese sentido, Molina subraya que “en una sociedad patriarcal, donde el varón tiene su razón de ser en su fuerza corporal, se van perpetuando estas prácticas que reproducen esta imagen del varón, heterosexual, violento, sin expresión de sus sentimientos”.
“Se legitima la violencia en este tipo de prácticas que tienen que ver con las masculinidades propias de esta sociedad que, por suerte, se están poniendo en cuestión”, puntualiza la especialista.
¿Cómo resolver este fenómeno?
La búsqueda de una resolución debe ser conjunta, la UAR emitió un comunicado donde lamentaba “el fallecimiento” de Fernando Báez. Este comunicado le significó severas críticas a la Unión, pues ni siquiera se hacían eco de que se trató de un asesinato.
Cabe destacar, así mismo, que en dicho comunicado se insta a los clubes y las uniones provinciales a realizar tareas en pos de erradicar la violencia que se da fuera de las canchas, pero que implica al mundo del rugby.
El inconveniente, señala la licenciada Molina, es que “se trata una práctica deportiva donde la fuerza es lo valorado, si un golpe duele, no se puede decir que duele. Es un deporte que se construye, como otros, con la violencia sobre los cuerpos. Pero, principalmente en este deporte, el que más golpes recibe es ‘el que más aguante tiene’”.
¿Cómo erradicar la violencia entonces? Mediante espacios de diálogo e interacción, señala Molina. “Es un deporte donde se exacerba todos los estereotipos masculinos, el diálogo es infravalorado y surge la violencia” asegura la psicóloga. “Frente a la imposibilidad de poder construir espacios de diálogo lo que va a surgir es la violencia. Lo que nos liga al otro y lo hace ser un ser humano con una determinada existencia es, precisamente, el diálogo”, explica.
Finalmente, la especialista analiza el valor del diálogo en instancias formativas, “el diálogo me permite conocer al otro, y si conozco al otro, el otro deja de ser otro amenazante, pasa a ser un sujeto. Va por ese lado el ver cómo, sobre todo con los adolescentes”.